lunes, 26 de agosto de 2013
Capitulo 8 ~ Primer encuentro.
–¿Podríamos tener más suerte? –bufó Justin en un susurro para sí mismo-
Se sentía cansado, y no entendía exactamente qué era lo que sucedía. Sólo, que el bus se había descompuesto luego de diez horas de viaje con casi mil kilómetros de recorrido.
Luego de guardar las cosas ante la precipitada idea de que viajarían a otro aeropuerto principal de ______(tp) para volver a Nueva York, Justin no hizo más que ponerse los auriculares y dormitar en el intento de relajación... pero lo malo, fue que esa 'relajación' no le ayudó en absoluto, poniéndolo más nervioso porque no se sentía descansado y el malhumor brotaba de su interior.
Ahora, estaban varados en medio de la ruta... solos. Porque ni un alma errante pasaba por allí. Solo se trataba de la luna, las estrellas y los miembros del Team.
Justin, cansado, se sacó los auriculares mientras bostezaba y levantó su trasero del sillón a regañadientes. Estiró sus huesos y caminó por el pasillo hasta llegar a su "habitación". Sin más, recostó su cuerpo sobre el colchón y cerró los exhaustos ojos, para dormir.
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Cuando él se sintió completamente descansado, abrió el par de ojos mieles dejando a la vista el techo alfombrado. Bostezó por última vez para despertar sus sentidos, y se levantó de la cama sintiéndose malhumorado y algo irritado al recordar que seguían quietos.
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Cuando ella sintió el chillón despertador anunciando las nueve de la mañana, ignorando la tentadora voz interior de su cabeza diciendo “5 minutos más”, estiró sus piernas mientras largaba un gran y largo suspiro al abrir sus ojos chocolate.
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–¿Qué hora es, mamá? –A penas entró en la pequeña cocina del autobús. Pattie estaba sentada en una butaca de madera tomando un té de manzanilla.
–Hola cariño. –Sonrió la pelinegra con dulzura. –Las nueve de la mañana. Todos están durmiendo.
–¿Seguimos quietos? –Su voz tranquila, ocultando la molestia que sentía-
–Lamentablemente. Pero vendrán a recogernos a las doce de la tarde, Justin. –Dijo.
–¿Doce de la tarde? ¿Qué? –por un segundo, abrió sus ojos como platos, sorprendido.
Era Justin Bieber, y sus vacaciones empezaron así. De verdad se sentía irritado.
–Es lo único que conseguimos, hijo. –Respondió ella disculpándose con la mirada.-
Justin bufó y volvió a la habitación para coger su Iphone, unos cuantos dólares de dinero, auriculares y la chaqueta negra de cuero, para colgarla sobre sus hombros y adentrarlas en sus fornidos y atléticos brazos.
–¿A dónde vas? –con pasos decisivos y largos, Justin cruzó nuevamente la cocina donde seguía su madre.-
–A ir a algún lugar, donde pueda encontrar a alguien que nos ayude. –Dijo con voz decisiva sin parar de caminar.
–¡Justin! ¿Estás loco? –atónita, se levantó de la silla, mirando como él abría la puerta principal dejando ver la calle desierta con algunas grietas y suciedad en el asfalto, junto con el pastizal a lo largo color verde y algunos árboles que eran reflejados brillantemente gracias al sol que se encontraba más caluroso que nunca. Y claro... estaba en una tierra desconocida, un lugar geográfico sobre el calor... completamente caluroso y cálido de temperaturas altas. Algo que no estaba acostumbrado.
–No... no lo estoy. Me servirá también para despejarme un rato... no hay paparazzis, es una buena opción.
–Justin, es peligroso... de verdad puede pasarte algo cariño. –Pero Justin ya estaba caminando por la ruta, fijando su mirada en el horizonte.-
Él, en respuesta, se dio la vuelta para mirarla, y levantó los brazos como si mostraba el peligro inexistente.
–Solo será una caminata... si encuentro algo, los llamaré, sino volveré.
–Estás loco, Justin. Vuelve ya mismo aquí. –Impuso ella con voz dura y amenazante, asomándose por el marco de la puerta.
–No, má. Nos vemos enseguida. –Sonrió falsamente y le tiró un beso.-
Y antes de que le de tiempo de contradecirlo, él dio la vuelta con sus auriculares en las orejas y el mayor volumen de 'Paradise' de Coldplay para trotar hacia el lado opuesto del bus.
Pattie, lo dejó de una forma u otra. Sabía que él estaba lo suficiente cansado como para quedarse encerrado, por lo que no se preocupó demasiado... por el momento.
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_____ se vistió sigilosamente, tratando de no hacer ni un ruido para no despertar a su madre. Pero falló en el intento, al chocar con una estantería vieja de madera.
–¿Desde cuándo tenemos un estante ahí? –susurró enfadada, frotándose la frente colorada e ignorando las ganas de estornudar, por el fuerte olor a polvo.
–¿_______? –la adormilada voz de su madre habló. ______ rodó los ojos y se maldeció internamente.
–Me voy a danza.
–Es sábado.
–Erika me llamó. –Dijo.-
–Cuídate... ¿tienes dinero?
Era la primera vez en estos meses su mamá lo preguntaba.
–Sí. –Secamente contestó y abrió la puerta de la casa donde segundos después salió.
Caminó a la parada del bus, y luego de cinco minutos de espera, pagó el boleto y se sentó en los asientos solitarios del costado, justamente en la ventana que estaba abierta, donde entraba aire fresco y revolvía los pequeños pelos sobrantes de su moño.
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Justin siguió caminando... sin parar un segundo. Era extraño para él... porque nunca había estado tan solo en su vida. En estos momentos, solo era él y la música. De verdad se sentía despreocupado y aunque el sol era infernal, disfrutaba cada gota de sudor que recorría la frente de él.
Divisó su reloj de la muñeca izquierda y frunció el ceño cuando vio que eran las 11 de la mañana. Dos horas caminando, y aún sentía que no era suficiente... que no debía parar todavía.
Por alguna razón desconocida, no quería parar... no necesitaba comida ni agua. Solo necesitaba tener algo de esto todos los días.
"_______(tc)..." decía el cartel a metros de él. Un nombre desconocido y extraño para él, al ver que estaba escrito en español. Nuevamente, se acordó de su sueño al hablar con la mujer mucama. También, el cartel anunciaba un marcado '3' con dos letras: 'km'. Sin embargo, él entendió por alguna razón y siguió caminando por el costado de la ruta.
Desierto.
Todo estaba desierto allí.
La 'ciudad' donde estaba, se encontraba totalmente vacía... como si fuera un pueblo fantasma encantado. Muy pocos coches estacionados, pero ninguno andando. Los semáforos titilando sus luces sin razón alguna. Peatones inexistentes. Y se volvió a acordar de su sueño al ver las grietas de la conocida calle y la soledad.
Una serie de escalofríos pellizcó la piel de Justin tras una brisa cálida de viento. Miró la larga y vacía calle con un confuso ceño fruncido. Sinceramente, algo en su interior tenía la esperanza que la chica aparezca, pero otra parte... le recordaba que eso era imposible, porque estaba prácticamente, en un lugar fantasma... desconocido... vacío y descuidado, como esos lugares en los que la muerte y asesinatos eran comunes.
Pero rápidamente, descartó esos pensamientos, porque despertaban sus sentidos miedosos. Aunque no quiera admitirlo.
A pesar de todo, siguió caminando por la vereda de cemento, mirando las casas algo viejas y descuidadas combinando con el resto de la ciudad o pueblo. Hasta que escuchó música por detrás de sus auriculares.
La melodía era una canción lenta y compuesta en piano... dulce y tranquila definiendo música clásica instantáneamente. Era como si la canción lo llamaba, y no podía evitar detener sus pies hasta el sonido. Por instinto de su oído, dobló a la derecha, entrando en otra calle secundaria también vacía. Y siguió por una cuadra entera. Cada vez estaba más cerca, y lo intrigaba demasiado como para poder parar ahora. Solo seguía a su instinto, que ordenaba interiormente que siga caminando.
Y cada vez... estaba más cerca.
Y fue cuando divisó un: "Estudio de Ballet" en un gran cartel a metros de él. Sabía que ahí estaba alguien tocando o escuchando y claro... era un estudio de bailarinas, que un sábado bailaban y ensayaban. Sus planes eran ir allí y mirar por la ventana, pero el estrepitoso ruido de algo chocando con el cemento del piso, le hizo salir de su plan. Su móvil... estaba tirado en medio de un charco de agua y dividido en tantas partes como era posible. Nuevamente, bufó.
–¿Será posible? –irónicamente se preguntó mientras agachaba su cuerpo para recoger las partes de su "móvil".
Volvió a pararse y siguió caminando para adelante, olvidándose de esa música, ya que había terminado. Pero cuando dobló la cabeza para darse cuenta que estaba sobre el ventanal de la misma, observó como una chica baja de estatura, con lindas piernas disfrazadas por un cancán negro y arriba, en su torso una malla negra con una 'X' en la espalda, y zapatos raros en sus pies, estaba de perfil a él dejando a la vista una piel blanca pálida y una mirada de desilusión ante su profesora, que al parecer, la estaba regañando.
Ella empezó a practicar pasos mientras su profesora chisteaba los dedos fingiendo el ritmo de la música.
–No ______. Hazlo más punteado, más a música. –Dijo la tipa que la conducía.
_______. _______. _______. ¿Había oído ese nombre antes?
Entonces, ella... dando una vuelta en Attitude, miró la ventana en donde... él estaba.
Abrió los ojos en par en par, mientras sentía que las rodillas se le desarmaban y el suelo se abría.
Él, por su lado, dejó de respirar por un segundo mientras su boca se abría en sorpresa.
Ambos... se estaban viendo. Y no era un sueño... era verdad.
Capitulo 6 ~ Destrozada. Viajes. Conciertos ~

Los días habían pasado, precisamente catorce.
Todo seguía relativamente normal… Justin solía soñar con ______ y siguió buscándola por cada país que pasaba. Faltaba un día para el último concierto, lo cual… desesperaba a él, porque continuaba sin encontrarla; además, durante estos catorce días, no hubo momento alguno para descansar, ya que su vida consistía en ir de avión en avión, y concierto en fans. Una rutina que dejó diez conciertos, cuatro días de viaje sentado en un incómodo asiento, y un Justin cansado y casi sin ganas de seguir. En cambio, _____ empezó a ahorrar nuevamente desde cero, ya que el dinero que tenía tuvo que entregarle a su madre para pagar el gasto del hospital que controló a Lucía, desde el día de la violación; sin más que hacer, ____ consiguió un trabajo de camarera en un restaurante mexicano luego de rogarle a la dueña y prometerle que cada viernes cantaría sin paga de más. De más está decir que no se iba a dar por vencida.
Ella siguió recibiendo críticas, como siempre. Pero al parecer, la gente que acudía al restaurante amaban la voz y las delicadas pero fuertes manos que ______ tenía sobre la guitarra. Pero no fue suficiente.
Había llegado el día de la venta de entradas: no tenía mucho dinero; nada más que un cuarto del precio en total de la entrada más económica de linda ubicación. Ella se sentía devastada.
Su sueño se había hecho añicos.
Y ya no tenía más opción… ni una. No podía participar en concursos, porque los papeles de ese tal concurso que logró averiguar, debía ser firmado por su madre y… su padre, lo que era imposible hacer.
Otro era falso.
Y el último, se hacía a través de una radio e internet. Pero no tenía internet, excepto cuando se conectaba en la casa de Mili o Luna en sus facebooks, que últimamente solía visitarlas mucho. Y obviamente… no podía vivir en la casa de ambas para ganar.
Entonces… soltó la última lágrima que cayó desde su ojo hasta la mejilla derecha. Había pasado tocándose Be alright, durante tres horas, acurrucada en su habitación sin ganas de comer, ni de respirar.
Para colmo… mañana era el concierto.
–___, ¿puedes salir a comer? Hace tres días no lo haces correctamente. –Dijo la voz de Lucía tras la puerta. Estaba tan preocupada por su hija, y más al ver que ella revolvía y revolvía con el tenedor, todo su plato de comida sin meter un bocado.
–No. –Contestó simplemente.
Pero al instante reaccionó. Si no comía… perdería peso, y al perderlo todo era más difícil. Por una de las primeras veces en su vida, hizo razón a su mente.
–Ya voy. –Volvió a hablar luego de varios segundos. Dejó la guitarra a un lado, y se levantó de la cama para ir a la puerta, donde quitó el cerrojo de ella.
Permitió que su madre la vea desaliñada y triste, y su madre que su hija la vea preocupada e interesada. Ella sabía que amaba a Justin Bieber pero todo adolescente tenía un amor platónico, ella lo había tenido también.
–Si pudiera te llevaría. –Le dijo Lucía.
–No importa.
Pero eso era mentira. Sí le importaba… demasiado.
–Ya come. –Se sentaron en la pequeña mesa de madera, y comieron en un absoluto silencio.
Justin estaba en el avión… mirando por la ventana y buscando algo entretenido por ver. Pero solo era blanco y azul, justo con pequeños detalles amarillos provenientes de los rayos solares. Estaba acostumbrado.
–El último concierto y vacaciones. –Pattie se sentó a su lado, enseñándole una bella y amplia sonrisa blanca. Justin dirigió su mirada a ella, y también sonrió en respuesta.
–No por mucho tiempo. –Él se encogió de hombros, sabiendo que nunca obtendría unas relajantes vacaciones.
–¡Vamos! ¡Arriba ese ánimo! –exclamó la pelinegra con felicidad. –Entiendo que estás cansado y…
–Algo presionado. –Completó Justin.
–Pero todo estará mejor, niño. –con una mano, le acarició la mejilla. –Algún día la encontrarás, Justin.
–Nunca me sentí… tan obsesionado por alguien.
–Amor a primera vista, supongo. –Ella pestañó delicadamente; Justin rió leve.
–Amor a primer sueño, supongo yo. –asintió con la cabeza concordando con él.
Pero esa conversación no cambiaba nada en absoluto. No había motivos que decían que la iba a hallar. Porque era como un laberinto… largo e innumerable de caminos piadosos y perfectos para no encontrar a esa persona.
Y él se cansaba que desde hace casi un mes, no paraba de recorrer ciudad disfrazado y arriesgando su vida. Ignorando las miradas raras en todo momento.
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Solo unas horas. Pero en esas horas, ella no podía viajar hasta donde él y conocerlo. Ya no había posibilidades. Mientras trataba de decirse que en otra oportunidad será, lloraba más porque sabía que no habría otra por más de que lo anhele. Era jodidamente imposible. Uno por el dinero, otra por la distancia de millones de kilómetros que los separan desde la pequeña ciudad donde ella vivía, con la capital de su país, y nuevamente… se trataba del dinero.
Se empezaba a preguntar si debía olvidarlo, y dejar de lado su mayor sueño. Pero le resultaba, también imposible.
Con los ánimos en el piso, se vistió para su clase de ballet, y llevó su uniforme de trabajo… debía seguir teniendo ingresos desde esa parte.
–Marca de nuevo, ______. –Le dijo Erika para que muestre un conjunto de pasos: Battement. –Tendus, cierro quinta, Demi plié estiro, costado al Dégagés… ¡talón adelante! –exclamó con una firme voz molesta. –¿Puedes concentrarte? –Retoricamente, le preguntó intentando aguantar la paciencia.
–No, no puedo. –Contestó.
–Entonces puedes irte. –Con un brazo extendido, señaló la puerta. –Te conviene volver el lunes con la variación del Cisne negro aprendida. –Amenazó.
______________ la miró despreocupadamente y siguió su brazo, sintiendo todas las miradas de las estúpidas y perfectas de sus compañeras. Justo en este momento, no le importaba lo que decían o comentaban los demás.
Con solo decir eso… imagínense su estado de ánimo. Destrozado.
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Capitulo 7 ~ ¿Viaje?
______ caminó por las calles de su ciudad, recorriendo y mirando todo con los auriculares en sus oídos. Se había quitado la coleta, dejándolo suelto donde sus pelos caían como cascadas en los hombros, de su femenino cuerpo. En la música, sonaba One less lonely girl... entristeciéndola más de lo que estaba, pero no quería cambiarla.
–Tarde. –Le dijo su "jefa" sin dejar de mirar los papeles que tenía en su mano. ______ la miró de la misma forma que hace un rato observó a su profesora de Ballet.
–Lo siento... no tenía dinero para pagar el bus y tuve que venir caminando. –Se excusó con indiferencia, dirigiéndole una mirada última para ir al despacho de empleados, donde se cambiaría para trabajar.
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–¿Listo? –Preguntó la voz de Scrappy a través de los auriculares diminutos, situados en las orejas de Justin.
–Sí. –Respondió y suspiró de nervios… y decepción.
No la había encontrado... y este era el último concierto por muchísimo tiempo más.
–Tres... dos... uno. ¡YA! –gritaron a sus espaldas. De fondo, se escuchaban los gritos de todas las personas en el estadio... llenísimo... repleto y extravagante. Cada chica, estaba con lágrimas derramadas en sus ojos, maquillaje corrido, carteles con distintas frases en español que Justin pudo entender y cámaras que lo llenaban de flashes. Pero en este sentido... no le molestaba.
Siempre en todos sus conciertos, observaba las caras de cada chica que veía, limitando su sentido visual al ver como los asientos y personas en él, cada vez se volvían más lejanos pareciendo que cada uno, era una simple luz que se movía y movía, formando parte del coro a gritos de sus fans.
–¡Hola ______(tp)! –Exclamó en español, recibiendo como respuesta millones de gritos femeninos. Él sonrió e hizo una seña para que empiece a sonar "Beauty and a beat".
Esa noche... el cielo que los unía aún en la distancia, permitió que grandes gotas de lluvia convienen con las lágrimas de ella y los simples pensamientos de él.
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Justin despertó tarde ese día, después de todo... la gira había terminado al fin. Cuando se sentó en la cama, unas interminables ganas de vomitar aparecieron por su garganta, sintiendo como la mezcla de su estómago se revolvía en el interior. Por instinto, llevó una mano a la boca para prevenir. Esperó unos minutos más en esa posición, y sorpresivamente, no sucedió nada. Con al pánico presente, se levantó de la cama sin preocuparse en vestirse.
Tenía un presentimiento malo.
Él solo quería irse.
Sentía que las paredes del pasillo del hotel, se cerraban para aplastarlo. Y no sabía por qué, qué sucedía, pero algo no iba bien. Por eso, y con pasos temblorosos, cruzó todo hasta llegar al ascensor para subirlo rápidamente, intentando no desmayarse por el encerramiento; en lo que le parecieron tres horas, siendo minutos en realidad, la puerta corrediza se abrió mostrando el restaurante de lujo allí. Pero, como era raro, nadie del Team estaba desayunando como todos los días. Solían encontrarse siempre en los desayunos. Pero todo eso se esfumó cuando vio el reloj colgado sobre una pared.
2:54 de la tarde... solo, prácticamente solo, porque no había casi nadie por allí, excepto las empleadas que lo miraban interesadamente.
–Disculpe... –Le dijo a una de ellas, en inglés. Por un segundo, olvidó que estaba con personas que hablaban español. La señora de unos cincuenta años, vestida como mucama y portando un quita polvos lo miró con la frente fruncida, y Justin se preguntó si era porque lo conocía o por el idioma. Ella, avergonzada, negó con la cabeza sin entenderlo. –Ya no importa. –Nuevamente... en inglés. Le sonrió en una falsa sonrisa y se dio vuelta.
De nuevo... empezó a taladrarle la cabeza de dolor. Él tomó por hecho que necesitaba una pastilla, pero no tenía su dinero allí y tampoco un celular. Y no hablaba español, y tampoco no había traductores a esta hora, ya que era muy temprano allí. Pero para su suerte, tocó el bolsillo trasero de su pantalón de jean, y recordó que la noche anterior, había dormido tal y como estaba... se preguntó cómo es que llamó pijama a una transpirada camiseta, y un negro e incómodo jean. Pero ni se había fijado en la ropa al despertar. De todos modos, había diez dólares. Lo suficiente.
Serio e intentando mostrarse tranquilo, para no preocupar a nadie. Pero en cuanto cruzó la puerta, no había nada. Ni locas fans enamoradas, —No había oído gritos antes, pero no sabía si era porque se trataba de una sordera por el dolor de cabeza—, ni flashes, ni personas, ni nada.
La calle estaba tan vacía que aterraba. Incluyendo las grietas que rompían el pavimento, los árboles a los costados de la vereda del hotel, que se movían de lado a lado por el viento cálido que corría pero... no había ni un auto, ni un movimiento.
Justin estaba perplejo mientras veía como el semáforo titilaba los colores sin sentido. Pero decidió cruzar por la bendita pastilla que venderían en la farmacia de enfrente. Mientras tanto, él iba rogando que sepan hablar inglés, o francés.
Pero se detuvo en seco, cuando una sombra dobló en la esquina, para donde él estaba.
En ese instante, Justin fijó la vista en... ella.
Era ella... se movía naturalmente hacia Justin, con una sonrisa y lágrimas en sus ojos, portando una guitarra en sus espaldas. Él solamente, paró en seco, pestañando sin poder creerlo. Entonces...
–¡Despierta! –Un estrepitoso grito, lo despertó de su sueño. Su perfecto sueño.
En maldiciones susurradas, abrió los ojos y en ese mismo instante, una deliciosa crema Chantilly embarró su cara hasta pelo. –¡Fredo! –gritó enfadado. Pero no por la tarta... por despertarlo, y justo en ese momento. –La vas a pagar.
–No me eches la culpa a mí. –Su amigo, levantó las cejas divertidamente, y utilizando una mano, señaló la puerta abierta, donde detrás estaban Jazzy y Jaxon sus hermanitos escondidos, intentando no ser descubiertos.
–Oh... –murmuró y sonrió maléficamente. –Fredo... ¿sabes lo que le hacemos a los niños malos, que le hacen bromas a sus sexys hermanos mayores?
–Mmh... no, no lo sé.
–Se... –con cautela, se levantó la cama, escuchando los pequeños susurros de la niña escondida regañándole a Jaxon, también escondido. –Los... -continuó mientras seguía caminando lentamente, en cámara lenta. Ambos pequeños se callaron, pero querían reír de la emoción. –¡Mata con cosquillas! –exclamó y abrió la puerta de golpe, dejándolos al descubierto.
Ellos dejaron escapar varias carcajadas al ver el rostro de Justin... blanco. Justin con rapidez, se agachó sobre sus rodillas y tomó a ambos con sus fornidos brazos, uno de cada lado, y volvió a parar, dando vueltas y vueltas. Los cuatro, incluyendo a Fredo, reían a carcajadas limpias. Y luego, los pequeños fueron aterrizando en el colchón de la cama de Justin, donde sufrieron las temibles cosquillas de su querido hermano mayor.
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Justin se encontraba bastante cansado esa tarde. Estaba insatisfecho con irse de _______(tp)... por alguna razón quería quedarse. Pero entendía que debía volver a su lugar: Nueva York. Después de todo... como había dicho, estaba en unas vacaciones que verdaderamente no lo eran... porque aún le faltaban premios, nominaciones, estudio de grabación y demás cosas... lo que le dejaba un simple 30% de verdadera descansación.
–Malas noticias, equipo. –Scooter habló, mientras se paraba de la silla del restaurante perteneciente al hotel, que pronto sería desalojado por el Team Bieber. –El equipo de Aerolíneas, no nos dejan irnos. Está pronosticada una fuerte tormenta eléctrica. Tenemos dos opciones –paró en seco por unos segundos, observando las caras de todos, sobre todo la de Justin, que parecía inexpresable. Hoy no había sido su mejor día, pero sentía un poco de felicidad al no irse a la aburrida gran manzana. –Uno es quedarnos por al menos, siete días más... y la otra, es irnos al norte de este país con el bus de la gira de Justin para el aeropuerto donde llegaríamos mañana. La mala noticia, es que si elegimos la primera, la sesión de fotos para Teen Vogue sería cancelada por cuarta vez ya, y además de la pre-nominación de los People Choice Awards. –Justin sintió más cansancio al pensar el enorme viaje que haría si elegía el segundo... pero dentro suyo, lo encontraba relativamente bien. También, contaba que si elegía el primero, las responsabilidades aumentarían para más adelante... lo que provocaba menos descanso.
Exactamente... no sabía lo que sentía. Solo quería irse y estar tranquilo en su casa. Pero no... otra parte no apoyaba esa idea.
–¿Qué dicen? –Preguntó Scooter nuevamente, luego de un rato.-
Justin suspiró exhausto.
–Mejor la segunda. –<<En realidad, ninguna>> su subconsciente habló en su cabeza.
<<Todo por culpa de la chica>>. Alguien volvió a hablar dentro de él, teniendo toda la razón del mundo.
Capitulo 5
–¡____! ¡Mira esto! –gritó Milagros, dándose la vuelta para ver a su amiga que, distraída, miraba la lujosa tienda que se encontraban. Instantáneamente, al momento de escucharla, volteó y la miró inexpresivamente. Mili, le hizo un gesto con la mano mientras una sonrisa de oreja a oreja inundaba su blanco y pálido pero bello rostro.
Con sus ojos grandes y cafés, miró lo que estaba pegado en la vidriera de una agencia de turismo y ventas de entradas.
Por un momento… no respiró.
Su vista se dilató mientras el aire no pasaba por sus narices, ni siquiera podía abrir la boca de la sorpresa y emoción: una importante combinación.
–¡Respira ____! –volvió a exclamar Mili feliz y emocionada como estaba ______. Pero _____ no la escuchó ni siquiera sintió su presencia. Sus ojos estaban cubiertos de lágrimas de emoción que pronto serían desperdiciadas.
“¡Justin Bieber en ______ (tp)! ¿Están listas, Beliebers? Pronto la venta de entradas.”
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–¿La chica de nuevo? –Preguntó Scooter con una brillante sonrisa que dejaba ver sus blancos dientes.
Justin se preguntaba por qué su manager estaba tan feliz hoy.
–Sí… ¡me volverá loco! –levantó sus cejas mientras hablaba en una exclamación cansada.-
–Ya la encontrarás. Sabes lo que dicen… todo aparece cuando dejas de buscar. –Y con esa frase, golpeó su hombro en broma y se dio vuelta para ir al ascensor a volver a su habitación.
–Todo aparece cuando dejas de buscar. –Repitió mientras rodaba los ojos-
El malhumor, había vuelto en esa noche antes de dormir. Y no sabía por qué… pero era consciente del cansancio que tenía, y que su mente solo se dedicaba a pensar en esa chica. <<¿Por qué no puede ser fácil encontrarla?>>
Aburrido, se levantó del sillón del living del importante hotel de Nueva York y acomodó su chaqueta de algodón gris y roja. Con sus típicos pasos varoniles y largos, cruzó el vestíbulo vacío por la hora de 11 pm, y siguió caminando hasta un ventanal, donde mostraba millones de chicas acostadas en el suelo durmiendo. Ninguna cámara, pero sí había barreras blancas y largas que impedían que crucen, justo detrás de esas… estaban ellas, todas dormidas.
A Justin se le encogió el corazón mientras esa imagen era vista por sus ojos. Ellas lo amaban, y se preguntaba por qué lo hacían; él mismo, Justin en persona, no era nada fuera de lo común para él porque solo cantaba, pero esa era la humildad de mente que seguía poseyendo.
Sin pensarlo dos veces, llamó a unos de los botones y les ordenó que le lleven comida y agua a primera hora de la mañana y cuando el chico se fue, Justin siguió mirando con ganas de cruzar esa puerta, acercarse a las vallas y abrazarlas fuertemente. Después de todo… ellas se lo merecían.
Y lo hizo, sin importarle que había empezado a nevar y la cantidad de gritos que escuchaba provenientes de las chicas… de sus chicas.
Esa noche, había dormido lo suficiente pero no soñó nuevamente… con ella.
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–¡MAMÁ! –gritó apenas cruzó la puerta, con una sonrisa que brillaba junto con sus ojos abiertos por la emoción.
–Hola niña. –Lucía le acarició el pelo con dulzura cuando _______ se encontraba a su lado.
–¡No sabes lo que ha ocurrido! –exclamó la castaña, en el tono más entusiasta que alguna vez se escuchó de parte de la niña. Su madre, levantó una ceja, incitándola a decir. – ¡Justin vendrá a _________(tp)! –en un grito emocionado, la abrazó saltando como un saltamontes.
Lucía sonrió a medias y largó un suspiro mientras se separaban.
–Eso es una obsesión, _____ –las sonrisas de ambas desaparecieron, mientras los cafés ojos de ______ pestañaban con una pizca de tristeza pero también emoción.-
–¡No es una obsesión! –ofendida, respondió defendiéndose.-
–¿Irías por un chico a la capital de país, viajando más de mil kilómetros, ____? ¿A eso no llamas obsesión? –retóricamente preguntó.
_________ cambió de ánimos tan rápido como si fuera bipolar.
–Sí lo haría… pero no es una obsesión cuando amas a alguien.
–Alguien que no conoces.
–Pero lo haré. –Contestó _____ dolida. Su madre estaba privando su propio sueño.
–Vamos ______. ¡Tienes 19 años! Baja de esa nube –. Negó con la cabeza mientras hablaba. Ella no sabía el daño que le hacía.
–Se le llama sueños. Tengo el mismo sueño que tuviste cuando querías ser bailarina. –a pesar de todo… guardó la calma y la paciencia, aunque el dolor se extendía a lo largo de su cuerpo. Y claro… no era Miranda quien lo decía, era su madre.
Sin embargo… ese comentario quedó en la mente de Lucía; también dolida.
–Es lo mismo esto. –dijo ______ y se dio media vuelta para ir a su habitación con las lágrimas acurrucadas en las esquinas de sus ojos.
<<¿Por qué todo es tan injusto?>>
Capitulo 4 ~ “Pensando en ti”

–¡Justin no! –Habló entre risas la castaña, apenas pudiendo respirar. –¡Para! –ordenó intentando que su voz sea dura, en vano. Las habilidosas manos de Justin se movían con gracia en sus costillas, ocasionándole cosquillas.
–¿Vas a volver a hacerlo? –Le preguntó levantando una ceja, sin parar. Las carcajadas de ella eran como ángeles cantando para sus oídos. Aunque era una risa de burro, él la tomaba como hermosas carcajadas. De repente, _____ sorbió para adentro el aire, y ya no era una risa de burro… era de cerdo.
Justin rió con ella mientras ___________ se retorcía sin poder respirar bien.
–¡Sí! –sin embargo… tomó el valor para enfrentarlo en respuesta a su anterior pregunta. Y se arrepintió al instante, cuando él llevó su boca a su cuello, y le hacía cosquillas en su blanca piel. –¡No! ¡Basta! ¡Juro que nunca más lo hago! –en gritos desesperados e intentando recuperar aire, él paró y se alejó para verla con una sonrisa triunfante, dejando las cosquillas de lado y tumbándose arriba suyo. –Estás pesado, mejor amigo –le dijo ella sin moverse, sin embargo, lo abrazó por la cintura. Su olor era tan encantador que juraba que en cualquier momento, desfallecería.
–Te quiero, mejor amiga.
–También te quiero, mejor amigo.
{•◘○♦♣☻♥♠}
El despertador lo sacó de su sueño. Bufó con histeria al darse cuenta de dos cosas: la mañana de un nuevo día llegó, y que la misteriosa chica que soñaba lo seguía atormentando. Y mientras más sueños tenga, más se multiplicaban las ganas de buscarla.
Esta vez… había podido observar con más detalles su rostro. El pelo seguía siendo castaño, los ojos cafés con una profundidad encantadora, la nariz respingada, los pómulos de sus mejillas rojizos por naturaleza y su boca en forma de corazón, roja como una manzana. Era linda… pero no solo eso le llamaba la atención. Era la aproximación a una clase de ángel. ¿Y si de verdad era un ángel que estaba metido en sus sueños, para darle una señal? Instantáneamente negó con la cabeza con esa hipótesis. Solo sabía… que si la llegaba a conocer, nunca la dejaría ir.
Nunca. -Y en este momento, el ‘Nunca digas nunca’ no se toma en cuenta-
Se levantó de la cama, sintiendo pero ignorando su cuerpo pesado por el cansancio y procedió a vestirse.
–Buenos días. –Susurró con la voz un poco adormilada, aunque hace media hora despertó.
–Buenos días, bebé. –Le saludó su madre, y Justin tomó camino a sentarse.
{•◘○♦♣☻♥♠}
Hoy era sábado. Un día totalmente soleado, y especial para disfrutar con amigas.
Sin embargo… _____ se sentía insegura. <<Como siempre>> su mente la volvía a torturar. Sacudió la cabeza intentado alejar esos pensamientos y volvió a mirarse en el espejo del baño; <<fea>> pensó desvaneciéndose por dentro, pero sonriendo por fuera.
Solía preguntarse por qué nunca encontraba nada bueno en sí misma. <<¿Acaso lo hay?>> la jodida voz, le seguía hablando internamente en su foro, haciéndola pensar que estaba loca. Pero claramente… no lo estaba. Era la idiota y sobre llevadora voces de los demás, al insultarla de esa manera. Porque no era fea… era hermosa, ¿pero cómo hacerle entender eso a su cabeza? Ya estaba dañada totalmente, y claro… 5 años de tortura, pueden maleneficiarte.
Suspiró y negó con la cabeza, dando la vuelta sobre sus talones, y dirigiéndose a su habitación algo desordenada, su madre siempre se quejaba de su desorden, pero ella estaba bien así. Abrió el estuche de la guitarra y la sacó con el delicado movimiento como si fuera una espada, que al tocarla, la lastimaría. “Justina”, como se llamaba en representación a Justin. Se pasó la correa por su cabeza, y la colocó sobre su hombro izquierdo, dispuesta a tocarla.
Las cuerdas estaban tan desgastadas, que era consciente que en cualquier momento se romperían… pero como en casi todos los casos, no podía arreglarla por falta de dinero.
Y una melodía salió de sus dedos, tierna y suave. Sol, fa, do, re y se repetía, cerrando los ojos, y disfrutando del sonido que ella misma había y estaba creando por su propio instinto. De verdad amaba tocar ese instrumento. Abrió la boca, y empezó a tararear una canción de cuna, la misma que su madre le cantaba años atrás.
Esa guitarra, era el fruto de su fuente… de su esfuerzo. Con apenas once años recién cumplidos, encontró en el basurero de su abuela la misma, desgastada en color, con tres cuerdas menos y los trastes algo gastados; ella, y con ayuda de su abuelo Bob, empezó a pintarla y arreglarla para aprender a tocar. Nunca fue a clases, siempre lo hizo mirando videos y como en la televisión lo hacían.
Luego de práctica… practica y más práctica y ya con trece, pudo aprender a tocar canciones, hasta inventarlas. Ahora con diecinueve, es una gran guitarrista que nunca mostró su don a demás audiencia. Otro de sus defectos… era el temor a pensar que dirían los demás.
La sacó de la cercanía de su cuerpo y la volvió a colocar en su estuche, para colocarla por sobre su hombro y tomar todas las cosas necesarias para salir.
{•◘○♦♣☻♥♠}
–¡Justin! ¿Dónde has estado? ¡Te hemos estado buscando! –le preguntó Alfredo con una divertida ceja levantada. Él, quien no estaba de humor por no volver a encontrarla, rodó los ojos.
–No importa. Y no pienso hablar al respecto. –Le contestó secamente, evitándolo en su camino para el camerino.
–Lamento decirte que debes cambiar ese humor porque salimos en veinte. –Le dijo antes de que su amigo, atraviese la puerta-
–¡Ya lo sé! –irritado, respondió sin molestarse en voltear para verlo.
Alfredo, por un segundo, pensó que tenía problemas de bipolaridad ya que unos minutos antes había estado perfectamente bien con una sonrisa ampliadamente hermosa y por otro… desapareció y cambió para el otro lado. Justin solo se sentó en el sillón giratorio y cerró los ojos, con la intención de relajarse por unos minutos.
<<¿Dónde estás?>> Se preguntó internamente, refiriéndose a la misteriosa chica.
<<¿Qué estará haciendo Justin en este momento?>> retóricamente y en su cabeza, _____ se preguntó cuando ‘One time’ llegó a uno de sus auriculares, ya que del otro oído estaba desocupado para oír a Luna hablar emocionada de One direction y las últimas noticias de ella.
¿La simple respuesta para ambos casos? “pensando en ti”
Capitulo 3

La noche había sido como un infierno para ella.
Al encontrar a su madre, no fue sorpresa el enorme abrazo que envolvió la pequeña figura de Lucía, que lloraba desconsoladamente en el hombro de su hija… y viceversa, porque _____ estaba igual de débil y dolida como si también le sucedió a ella. Pero en ningún momento, dejó de recordarse que todo estaría bien.
<<Everything’s gonna be alright>> –susurró leyendo sus pensamientos.
Al salir de esa espantosa ruta en la patrulla de policías, volvieron a la sede policial a donde la mamá de _____, dio con lujo de detalles cada momento vivido, hasta el secuestro. Ambas, fueron trasladadas a casa, pero esa mañana, Lucía debía unos importantes trámites de hospital.
A pesar de todo… ____ seguía teniendo el mismo temor que al recibir la llamada de ella. Y empezaba a sospechar demasiadas cosas, que quizás eran ciertas hipótesis, pero tal vez no. El solo pensar quien hubiera querido hacerle daño, la hacía temblar.
Intentando ignorar todos sus pensamientos, se metió entre las sábanas de su cama, y al cabo de un rato… pudo conciliar el sueño.
Nuevo día.
Abrió los ojos, y apagó el despertador de golpe. No se sentía de ánimos… ni siquiera para respirar. Pero nuevamente… debía pensar en su madre, Justin y levantarse.
Luego de treinta minutos de vestirse con el uniforme, peinarse y “desayunar” (una simple manzana, ya que no había nada) salió a la calle para tomar el bus, jurándose que hoy sería mejor día que ayer; como rutina.
–Ey, ______ –llamó Miranda en un tono de burla. Ella pestañó y la miró justamente a los ojos; con la mirada fría, cansada. –Me enteré lo de tu madre… –la rubia sonrió con cinismo. –De verdad son ridículas. –A su alrededor, se escucharon risas.
Y ____ se sintió tan pequeña, como una hormiga.
Indefensa. Pero con ánimos de responder, que no fueron posibles de salir de su boca.
–Me daría vergüenza ser tan estúpida como tú. –Escupió con odio, como si de verdad lo dijera. Ella (______) solo apretó su mandíbula, enviando las ganas de llorar a quien sabe dónde. Pensando en su cabeza, que todo lo que Miranda decía, era tan cierto… pero no; ellos no conocían la verdadera historia.
–¿Puedes dejarla tranquila, Miranda? –de un momento a otro, la voz de Luna habló a las espaldas de ______. –La estúpida, eres tú. Déjala, ¿acaso te hizo algo? –volvió a hablar. Pero ____ no se sentía bien con eso; ahora… la molestarían a su amiga. Y no… no prefería eso.
–Está bien, Luna. No te preocupes. –_____ se dio vuelta y caminó a su lado. Sorpresivamente, Miranda se calló, pero no iba a ser el final.
Amaban insultarla. Era como una diversión ver su cara neutral, llena de preocupación en sus ojos marrones.
____ suspiró al ver todas sus cosas tiradas en el suelo al volver del recreo. Esparcidas por todas partes; las hojas rotas y uno que otro lápiz con evidencia que fueron pisados. Se tragó el sollozo que quería gritar su garganta.
<<¿Por qué me sucede esto a mí?>> –Se preguntó en su mente, agachándose para recoger las cosas. Y aún… nadie entraba a clase. Pero al escuchar sus pisadas en la puerta, se limpió la lágrima que cayó por su mejilla desprevenidamente, y volvió a estirar sus rodillas para poner las cosas sobre la silla. No entendía por qué se burlaban de ella.
–Tranquila, _____ –Mili la llamó por su sobrenombre, acariciándole el brazo con ternura. Ella la miró y le sonrió falsamente, obviamente… sin que la sonrisa llegue a sus bellos ojos. –Solo intentan hacerte sentir mal. –_____ asintió con la cabeza, y procedió a sentarse en la silla para que el profesor entre y empiece la clase.
–¿Entonces irás de compras con nosotras? –Le preguntó Luna con emoción en su voz. _____ ladeó la cabeza en respuesta.
–¡Vamos! No tengo ropa nueva –renegó Milagros en un berrinche y luego, tiró de su labio inferior sobre el superior, formando un lindo puchero.
–Yo no tengo dinero. –Avergonzada, bajó la cabeza.
Ambas eran chicas de buenos caracteres económicos. Por eso… _____ se extrañaba más, al ver como la involucraban al grupo. Estaba segurísima, que era una broma; aunque se le hacía imposible de creer en alguien como ellas, tan dulces y buenas.
–No te preocupes por eso.
{☼►♫◄♪}
Llegó a su casa y lanzó un suspiro. Su madre cocinaba algo en la cocina, y de fondo, era interrumpido el sonido del televisor.
–Ya sé quien fue. –Le dijo Lucía a su pequeña, luego de saludarla con un beso en la frente.
_____, confundida y sin entender, frunció el ceño uniendo sus cejas.
–¿Quién fue qué? –murmuró con su típica voz dulce y débil, casi como un susurro.
–Lo de ayer. –sin rodeos, le contestó, seria, sin mover un músculo más que la boca y la lengua. ____ la miró con ojos entristecidos, aguantando las lágrimas. –Amanda y Manuel.
Casi se atraganta con su propia saliva. Y fue como si el aire le faltaba; se sentía tan mal que dolía en su garganta. Como espinas que tragaba débilmente… mientras las lágrimas nublaban la vista de sus ojos.
¿Cómo podía ser cierto que su propia hermana, y su propio padre haya mandado a secuestrar a su madre? ¿Por qué le hacían eso? ¿Acaso… qué rencor le guardaba Amanda para dañar tanto a su hermanita pequeña?
Entonces se sintió estúpida por no haberlo pensado antes. Y si lo pensó, por qué no reaccionó.
Era el hijo de puta de su padre drogadicto y fugado. Y la idiota de su hermana; hoy prostituta y quién sabe dónde.
De repente… fue como un balde de agua pensar, que ambas corrían peligro en la mira de ellos dos, que por más de que eran familia… el rencor seguía presente, lo suficiente para asustarla. Porque eran débiles y… era tan consciente, al saber que podían encontrarse muertas, por su propia hermana, y propio padre.
¿Qué hacer ahora?
Capitulo 2 ~ La chica del sueño.

–¡Hijo! ¡Levántate, cariño! –Le dijo Pattie, su madre, mientras lo movía delicadamente intentando despertarlo. Pero es que él tenía el sueño ¡Tan! Pesado. –¡Justin Drew! –reclamó al ver que él no le hacía caso. Como respuesta, gimió y murmuró unas incoherencias. –¿Me harás ir por el vaso de agua, Drew? –a pesar de que ella tenía una voz dulce, en este caso, se combinaba con la dureza de una amenaza.
Justin, al apenas escuchar eso, abrió sus mieles ojos de repente.
–¡No, mamá! ¡No hace falta! –le contestó rápidamente, como si el sueño se le fue por unos segundos. Una sonrisa se escapó de los labios de la pelinegra y se retiró de la habitación de él. Para ese entonces, Justin estaba sentado mirando a un punto horizontal de la pared perteneciente al hotel. Y se volvió a tirar a la almohada cuando sus pasos ya no se oían.
–¡Justin! –volvió a gritar ella-
–¡Ya voy, mujer! –renegó y con la mayor pereza del mundo de las personas unidas en un solo cuerpo, se levantó y empezó a cambiarse-
–Listo. No tardé tanto. –Justin levantó los hombros despreocupadamente-
–Una hora, una hora, Bieber. –Pattie levantó una ceja- Y esos pantalones son horribles. –Criticó su madre y él rodó los ojos.
–¡Es cebra! ¡Tiene swag! –exclamó Justin ofendido. Ella rió entre dientes y negó con la cabeza-
Ella era tan sofisticada y él… tan tonto. Pero era su hijo, y lo amaba. Y él igual, por más antigua y tradicional que sea su querida madre.
Y fueron en camino a la prueba de sonido junto con todo el team. Hoy, tocaba concierto del Believe tour en Nueva York, el último de América del Norte y luego… a Latinoamérica. De repente, Justin abrió sus ojos como platos recordando algo y alejó la vista de la ventanilla a su madre y Alfredo, su gran amigo.
–¡La chica! –exclamó él. Ambos lo miraron como si estaba loco y él frunció el ceño. –¡Mi sueño! –volvió a decir emocionado. Una pizca de fantásticos recuerdos se le asomó a su cara y apoderó su mente.
–¿Podrías hablar claro? –en chiste, Alfredo preguntó. Justin rodó los ojos y pestañó varias veces, emocionado.
Pero el coche se detuvo y ya estaban en las afueras del estadio de NY. Él bufó al ver como los paparazzi rodeaban el coche, y Dustin, abrió la puerta de la camioneta para empujarlos del camino; entonces, luego… Justin salió seguido por Pattie y Alfredo. Scooter, su manager, no estaría presente en este concierto por premios de su otra artista, Carly Rae Jepsen, presentándose en los Grammys.
Pero no dijo ninguna palabra más del sueño. Eso no quiere decir que no pensó en él, sin embargo… sus pensamientos eran torturados por ello. ¡Es que pareció tan irreal! Y a la vez… tan, tan real.
No fue cualquier sueño. Era raro, pero sin embargo… le quedó impregnado en su mente como si era un magnífico perfume de sus pensamientos. Esa chica. La castaña que sonreía y tocaba la guitarra graciosamente, con una pulsera en su dulce muñeca: “JB”. No sabía quién era… ni su nombre; solo era consciente de la simpatía y las bellas manos que tocaban una melodía jodidamente perfecta. Ella era hermosa aunque no podía observar bien su rostro, juró que era perfecta cuando tocaba y cantaba a acompañamiento de la guitarra.
–¡Concéntrate! –me ordenó Mamá Jan, que acababa de llegar. Suspiré y respiré hondo varias veces, para volver a empezar-
Estaba todo listo en escenografía. Pero aún faltaban como tres horas para el concierto; sin embargo, Justin descansaba en su camerino, junto con Pattie.
–Iré a ver todo… ya vengo cariño. –Le dijo ella con una sonrisa mostrando sus blancos dientes, y salió por la puerta sin esperar una respuesta de su hijo, ya que no era necesaria.
De repente… Justin se conectó a twitter. “Hello New York” y volvió a cerrarlo aburrido. Puso el móvil en la mesa y se miró al espejo, volviendo a poner los pies sobre la misma, para estar más cómodo mientras se miraba al espejo. Vagó su vista por toda la habitación; hasta llegar a la gorra irreconocible negra, las gafas oscuras y una chaqueta gigante que había dejado Kenny. Justin sonrió con cautela y recordó el sueño nuevamente.
Como en segundos, se colocó todo encima de la ropa informal que tenía. Se fijó en el espejo: horrible; hizo una mueca de disgusto, pero alejó la vista de él mismo y abrió la puerta lentamente, mirando hacia ambos lados… procurando no encontrarse con alguien que desperdicie su oportunidad de encontrar a la chica del sueño.
Estaba emocionado. ¿Qué pasaría si la encontraba? ¿Ella lloraría? ¿Reiría? ¿Estaría ahí? ¿Qué tal si no era este su país?
Siguió caminando por el pasillo largo y estrecho, pisando sobre las finas baldosas brillantes y paredes blancas, acompañadas por las luces. Estaba cometiendo una locura; pero no se arrepentiría. No se encontraba como el gran Justin Bieber por lo que sus fans no lo reconocerían por un instante hasta que busque a la chica, que seguro y con un poco de ayuda de Dios… estaría afuera.
Así hasta llegar a la puerta, vigilada por dos gorilas. Ambos morochos de piel, miraron para abajo, a la figura de Bieber, “pequeña” porque la de ellos… era, extremadamente, grande; tanto, que le llevaban como veinte centímetros a Justin. Sonrieron sarcásticamente.
–Eh… amigos. –Dijo Justin, bajando las gafas negras, dejando ver sus mieles ojos.
–¿Justin Bieber? –Preguntó uno de ellos, sorprendido. Justin sonrió acostumbrado a todo esto. Ellos tenían la orden de no dejar salir ni entrar a nadie; pero nada que negar a “Bieber” “El fabuloso y reconocido Bieber” -Esto era uno de los beneficios de su oficio-.
–El mismo. –Contestó-
–Mi hija te ama; es más… está afuera haciendo cola. –Le habló el hombre sin ocultar su sorpresa-
Y así fue… como Justin aprovechó su condición.
Obviamente, cinco minutos después… estaba en la verja del estadio en la parte de afuera, todavía lejos de todas las chicas. Pero caminó hasta la esquina, donde millones de sus fans se encontraban, -algunas llorando, otras riendo y también hablando-. En cambio, Justin fue serio, mirándolas desde algún punto lejos, buscando algo familiar en alguna de esas chicas. Pero no sospechaba nada; todas las rubias, —en realidad, la gran mayoría—, obviamente, no tenían el pelo castaño que él buscaba. Y agradecía de que estaban tan concentradas en sus conversaciones, o él estaba tan lejos e irreconocible.
Siguió caminando, alejándose de ellas aún más, pero sin quitarles vista. Para su suerte, nadie lo había visto. Pero para su mala suerte, ella no estaba. No la encontraba.
Diez minutos pasaron; pero su mirada oscura no la encontraba y empezaba a fastidiarse. Era también la presión de que debería estar en el M&G, o vistiéndose en estos momentos. Además del regaño que se pegaría al volver.
Y no… luego de veinte minutos, dio por terminada su pequeña “investigación” y volvió al estadio algo enojado.
Tenía las esperanzas de encontrarla. Pero empezó a pensar… ¿y si ella no era de Nueva York? Había muchísimos países por los cuales visitar. Todavía esto no terminaba. Entonces… su autoestima volvió a subir, dejando crecer esa pequeña esperanza que creía haber perdido.
No sabía por qué… pero algo le decía que debía buscarla.

Capitulo 1 ~ “La felicidad de los demás, es más importante”.
Cruzé la puerta principal del colegio, insegura y temerosa. Intentando parecer fuerte, con esa sonrisa falsa idealizándome, en mi mente, que hoy sería un día distinto… que hoy, las críticas terminarían. “Be alright” –Sonaba en los audífonos de su móvil una de las canción preferida de su ídolo y modelo a seguir: Justin.
Sentía como si todos la miraran. Como si fuera un bicho raro. Pero solo abrazó más sus libros pensando que era su escapatoria, y siguió caminando, con la vista en la escalera, evitando todo.
–¡Muévete de mi lugar, idiota! –le gritó una chica Miranda, una de las más ‘populares’ del instituto la miró y se movió, dejándola pasar.
–Perdón -Murmuró, aunque sabía que no debía hacerlo-
El sentimiento de encogimiento que tenía cuando veía a todas las demás chicas insultarla, era doloroso para su alma; su destrozada alma. Y por más que se repetiría que debía ser fuerte, le parecía imposible cada día. Solo se mantenía en pié por él. Por Justin.
Y la canción terminó, pero ella la volvió a poner y se sentó en su lugar, a la derecha adelante e inmediatamente, sacó su estuche, a esperar que toque el timbre y poder estar tranquila y concentrada en la su siguiente clase: Historia.
Así fue.
–¡_____! –Le exclamó Luna, una de sus ‘amigas’, una vez que había terminado la clase y salían al recreo.
–¿Cómo estás? –Le preguntó Milagros, la otra ‘amiga’, con una sonrisa-
<<Deprimida, triste, fracasada, sola, estúpida, anormal, ridícula.>> pensaba ella.
–Bien -esforzó una falsa sonrisa. Era una rutina, todos los días-
Luna y Milagros eran mejores amigas, y consideraban a ____ como otra amiga. Sin embargo, ______ se sentía excluida y a la vez, intrusa, como si sobrara entre ellas. Aunque no era así.
–Tenemos deberes de Matemáticas, ¿la hicieron? –preguntó Milagros, empezando a caminar las tres juntas, al compás para el patio en el piso de abajo-
–Yo sí –Respondió ______. Nunca se había olvidado una tarea, era muy importante para ella, y no quería darle más problemas a su madre con malas notas de su parte, aparte de los que ella ya tenía-
–Yo no. –Dijo Luna seguido por una mueca. ____ rió y Mili la miró entrecerrando los ojos-
–Nunca la haces. Tonta –jugando, le pegó en la cabeza.-
Apenas tocó el timbre del final, se volvió a colocar los audífonos y tomó sus cosas lentamente, guardándolas en su mochila sin apuro. Una vez lista, la dejó colgando en su hombro y caminó para la salida, observando a todos sus compañeros salir con sonrisas brillantes, grandes y risas acompañadas. De verdad se veían felices. Y ella también sonrió, pero no por el hecho de estar feliz como ellos, sino… porque a ella le hacía sentir bien como todos se veían felices.
Y ese era uno de sus defectos. Prefería ver la felicidad de los demás, que la de ella.
Siguió caminando a la parada del autobús, con su carnet de alumno y el dinero en la mano, y su móvil escondido para precaución.
Y una vez que estuvo dentro, miró la ventanilla imaginando y soñando cosas, que las personas le decían que nunca sucederían; pero ella seguía soñando. Algo le decía que valía la pena soñar.
–¿Mamá? –preguntó dejando caer la mochila en el sillón ya desgastado. No hubo respuesta –¿Estás aquí? –volvió a preguntar empezando a caminar por todos lados, pero negativo. Se dio por vencida, y volvió a la cocina, para cocinarle algo a su madre, ya que hoy… llegará tarde por uno de sus trabajos, seguramente.
Abrió la nevera, y se desanimó muchísimo más al ver que no contenía nada más que agua, queso, leche y gisantes. Suspiró evitando las lágrimas y caminó a su habitación para sacar dinero de sus ahorros bien merecidos.
Y le dolía. Esos ahorros, eran el fruto de sus sueños; su meta era ir al concierto de él. Pero también se sentía dolida y egoísta. Su madre tenía dos trabajos por día, y estaban mal económicamente tanto, que apenas tenían para comer. Sin embargo, nunca dejó ballet porque Lucía, la madre de ______, no quiso. Ella trabaja para que su hija vaya a ballet y logre ser lo que ella siempre quiso pero no pudo al ser embarazada a corta edad.
Con la mitad de sus ahorros, fue al supermercado que quedaba a tres calles de su casa. Nuevamente, con los auriculares en sus oídos.
Deseaba que esto no sea así; pero no podía cambiarlo. Cada noche, rogaba a Dios que esto cambie, que le de fuerzas para seguir adelante, que cumpla sus sueños. Pero estaba estancada en problemas que no la dejaban avanzar; como si estuviera enterrada en un pantano. Un asqueroso y penetrante pantano.
Compró lo que necesitaba por ese momento harina, verduras, frutas, carne y dos chocolates pequeños. Era el momento de darle un regalo a su madre. Entonces, sin más que hacer, volvió a su casa.
Terminó de cocinar una sopa de verduras, y ordenó las camas, preparó la mesa y la sirvió en platos, tapándolos con otros para que estén calientes para cuando vuelva su madre. Y se sentó en su lugar mirando a un punto fijo, la puerta. Ella no comería si su madre no estaba allí, no era correcto con la educación que tuvo. Y luego de que hayan pasado veinte minutos, volvió a limpiar la casa los muebles y el piso, preguntándose por qué su madre no venía. La preocupación empezó a notarse, comenzó a carcomerlse por dentro y la atemorizaba. Ya había terminado de limpiar casi toda la casa, las habitaciones y el baño, también había cocinado y solo le faltaba la tarea, para ese entonces… ya habían pasado tres horas como si pasó media hora recién. Pero decidida, y nerviosa, marcó el número de su madre.
Los sollozos de Lucía le hicieron temblar del miedo.
–¿Mami? –preguntó _____, mientras sentía las lágrimas aproximarse a las mejillas de ella.
–_______ –susurró con un hilo de voz. La niña, empezó a dificultarse en la respiración.
–¿Qué pasó, mamá? –le preguntó tragando sonoramente. Amaba a su madre por más de que peleen siempre, la amaba como nadie.
–Me vio… violaron, hija.
Y su madre seguía llorando; mientras _____ sentía pánico, miedo, y que se caería del temor. Las piernas no le respondían estaban tan duras como el hielo, y su cuerpo se parecía a gelatina. Empezó a suspirar intentando calmarse… pero no podía.
–¿Dónde estás? –la voz le temblaba. No podía creerlo. Y también, sentía una pulsada de dolor al saber que ella no se preocupó antes. Interiormente, se gritaba por lo idiota que había sido-
–No sé… es una ruta. –pero _____ no escuchaba ningún auto allí. Inmediatamente, se paró y corrió para donde estaba todo su dinero y lo guardó en el bolsillo, también la llave de la casa-
–Quédate ahí. –Le ordenó imperativamente, limpiando sus lágrimas con la otra mano-
Llamó a la policía y en poco tiempo, aparecieron en la patrulla donde ______ le contó todo y cada cosa que sabía.
Ella sabía lo que es sentirse violada. Su padre la violó cuando apenas tenía unos diez años; y aún no lo supera. Es que son cosas tan difíciles de aceptar que con el tiempo, ni siquiera se recupera. Y te queda el trauma para siempre; ella lo sigue teniendo. Por las noches, las pesadillas de verlo con su cara malévola, sonriendo irónicamente, tocándola por todos lados, la atormentaban. Le dolían y le parecía imposible pararlas. Desde ese momento, y hace cuatro años, ______ no volvió a ver a su padre.
viernes, 16 de agosto de 2013

A veces… cuesta mantenerse fuerte, creer en los sueños y creer en ti. Sobre todo, cuando la gente que te rodea, se esfuerza en hacerte pensar y recordar todos las “fantasías” que supuestamente… nunca se cumplirán. En vez de reforzarte… la fragilidad es remplazada por ella.
Ser una chica normal cuesta una chica estudiosa, sin que reciba insultos; alguien fea y rellenita de estómago no es aceptada en la sociedad, sufrientes del bullying día a día, en su propia escuela, estar en un estudio de bailarinas de ballet, donde todas son las típicas chicas fideos y hermosas… también discriminan a la más gorda pero mejor bailarina de todas; aunque… ¿Quién dijo que los sueños no se cumplen? Además de la gente envidiosa… ¿quién?
________ ________ una simple criatura de 19 dolorosos años. Bailarina de ballet, estudiosa en el colegio, con sueños de… además de ser cantante y actriz, desea conocer a su modelo a seguir: Justin Bieber.
Pero no solo es eso… esta no es solamente una historia de drama. Es muchísimo más que eso. Es la historia… que te sentirás identificada, y te encantará.
“Recuerda que la chica gorda, puede adelgazar, la fea, convertirse en la más hermosa y la débil soñadora, en una fuerte luchadora”.
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