domingo, 15 de diciembre de 2013



Capitulo 12






–No quiero que te vayas. –susurré sabiendo que no entendería. Sin embargo, sonreí con dificultad; aunque estaba segura de que se daba cuenta de cuánto fingía. 
Justin sonrió sin mostrar sus dientes y dijo algo en inglés que no capté. 
Y por última vez, me abrazó fuerte dejándome sin aliento. Pero no importaba. Él se iba. Se alejaba. Quizás para siempre. Pero un lado profundo de mí, se sentía bien… renovado… como si yo era otra persona, totalmente diferente a la de unas horas atrás… gracias a él.
Nuevamente, limpié mis ojos que caían las lágrimas saladas y continuas por mis mejillas. Tampoco era que me importaba, pero odiaba que me vean llorar.
Entonces… se separó de mí lentamente; casi como cámara lenta. Me miró a los ojos para dirigir sus dos manos a los costados de mi rostro, justo donde estaba húmedo. Con sus pulgares, limpió el exceso de agua y acercó sus labios a mis mejillas, besándolas cerca de mi ojo tiernamente, encima de las lágrimas.
–… te prometo. –dijo y fue lo único que entendí. No sabía de qué se trataba… pero verdad, estaba segura que lo era.
–Gracias. –dije mirando sus bellos ojos mieles, algo brillantes. –Por todo.
Volvió a abrazarme protectoramente. No quería que se vaya. No quería que se olvide de mí.
Pero… después de todo… yo solo era una simple Belieber para él. Mientras que él era todo para mí. Dolía aceptarlo, pero era la realidad. La cruda realidad.

Y entonces… esa fue la última vez, que sentí que mi corazón se agrandaba en lágrimas al ver como subía al bus. ¿Cómo podía sentirme tan querida por alguien que solo conocí en persona en horas? ¿Cómo lograba que me sienta feliz y completa con solo minutos? ¿Qué había dicho o hecho para que me gustase tanto estar a su lado? Eran tantas preguntas… pero ninguna tenía respuesta. Solo sabía que él sería la única persona con la que tengo todas esas sensaciones. Que al abrazarme, parecía que todo se detenía por una milésima de segundo; y cuando hablaba, –a pesar que no entendía nada–, su voz causaba paz y generaba las millones de mariposas en mi interior. Simplemente era perfecto. Su forma de ser irreconocible en cualquier otra persona; su sonrisa blanca y brillante que no se ocultaba en ningún momento. Su risa, que era como la octava maravilla del mundo; sus ojos que miraban atentamente todo lo que hacía. Y lo mejor… el sentimiento que causaba como si nos conociéramos de toda la vida.
Solo estaba segura de una cosa: el conocerlo, fue la mejor cosa que me pudo haber pasado en mi vida. Sin importarme lo poco que fue. Ni lo lejos que se va.
¿Qué más daba? Había logrado conocerlo… cumplir mis sueños por un rato… disfrutar sin importarme lo demás por y gracias a él.
Nuevamente… gracias Justin.



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El sonido del despertador, me sacó del sueño que había tenido. Con la mirada somnolienta, dirigí mis ojos a la mesa de luz, donde yacía el movill sonando como un loco. 7.30 am.
¡Llegaré tarde!
De un tirón exageradamente mortal, salté de la cama abriendo los ojos de par en  par, intentando despertarme como arte de magia. Tomé el jean, que estaba arriba de la silla, y metí una pierna con la misma velocidad que corría la luz; otra pierna y la sexy blusa que si alguien me veía, se volvería ciego por la belleza, mentira… por lo horrible. ¡Mierda! ¡La cama estaba con una gran mancha roja de sangre! ¡Qué asco! Había olvidado por completo que la fecha se acercaba y hola… aquí vino el asqueroso de Andrés, interrumpiendo, –como siempre–, en mi vida. Seguí vistiéndome sin importarme; me cambiaría en el colegio porque ahora era lo suficiente tarde como para preocuparme por ello.
Cuando terminé, salí corriendo para tomar el bus lo más rápido posible. Pero los putos buses, no paraban. La gente me miraba raro y quise suponer que era por mi despeinado cabello que danzaba por la brisa del viento. Y mi horrible buzo bordó del colegio, no servía para taparme del frío. Mierda. Llegaré tarde y nuevamente… tendré que soportar los comentarios burlones de todos. Y justamente hoy, no estaba de humor. Antes de ayer Justin se había ido, ayer fue un domingo tan deprimente y horrible que casi me la paso llorando y hoy… hoy llegaba tarde al colegio.
Divino.
Pero la mueca de confusión apareció en mi rostro apenas ver por la ventanilla, como la escuela estaba rodeada de personas que no conocía. Cámaras. Micrófonos. Reporteros. Mujeres. Hombres. Alumnos. Compañeros. Y todos mirando hacia afuera, como si buscaban a alguien. Entonces… cuando era la hora de que baje del bus, podía jurar que todas las miradas aparecieron y se reflejaron en mí, recordándome a los rayos láser.
Odiaba llamar la atención. Siempre lo odié.
–¡Es ella! –gritó un tipo, para que luego… millones de personas me rodearan en milésimas de segundos.
Volteé para mirar atrás, esperando que alguien más este detrás; una fabulosa estrella de cine que mágicamente llegó al colegio. Pero no… solo estaba la despeinada y desarreglada de _____. Mientras empezaba a hacer recordatorios de qué había hecho para esto… recordé 'Justin'.
Y… todos me hablaban juntos, como un coro descoordinado. Preguntas, más preguntas, más otras tontas preguntas que no escuchaba por el enorme ensordecedor que tenía en mi mente, gracias a la confusión. ¿Quiénes nos habían visto? Era una ciudad olvidada… casi oxidada y sin sentido. Con más drogadictos y viejos asquerosos, que personas verdaderas y trabajadoras. No había nadie, al menos que yo recuerde.
Pero no podía quedarme allí, incrustada entre idiotas.
Con mis manos, empujé a las personas con gentileza, intentando que el torbellino de furia no se desate de tan mal forma. Y a paso rápido, caminé por el pasillo que iban dejando las personas, escondiendo mi cabeza debajo de mi pelo. Agradecí que la puerta del colegio se aproximaba, pero en el instante de subir la escalera principal, la pequeña pero alta figura de Miranda se apareció frente a mis ojos, con una sonrisa brillante, como si estuviera feliz. Yo la miré con ojos contorneados en frialdad e intenté avanzar, pero me abrazó; me abrazó en un abrazo tan falso que causó asco en mí.
–¡Amiga! –exclamó con su chillona voz.
Ya no le tenía miedo. Eso era bueno.
–¿Quién te crees? –pregunté irónicamente, escapándome de sus brazos. Y las personas se juntaban sobre nosotras cada vez más.
–Vamos… tuvimos diferencias, pero… ¿todo pasó… –la interrumpí cansada, y compuesta por mal humor.
–No vengas con cuentos estúpidos. No tengo ánimos y no me siento bien.
–¿Todo por la fama, verdad? ¿Te sientes superior a mí por ellos? –gritó 'ofendida, intentando llamar la atención, más de la que tenía. Lancé una carcajada al aire, falsa y sin diversión.
–Miente… sigue mintiendo Miranda. No todas las personas somos como tú. –escupí como si no me costaba nada insultarla.
Amaba hacer eso. Amaba ver la forma que su boca, –que anteriormente tenía una sonrisa falsa–, se curvaba para abajo. Como su frente se fruncía y sus grandes ojos se abrían a la par, pestañando sin creerlo.
Interiormente, me alababa.
Y sin decir más, la ignoré esquivándola, y seguí caminando con la frente en alto esta vez.
Debía seguir siendo así. Confiada y segura.
Gracias Justin, nuevamente. 


Los días pasaban rápidos como si fuera que volaban. 
Todo estaba mejorando, de forma lenta, pero lo iba haciendo.
Desde el día que Justin apareció sorprendentemente, fue como si todo cambió de un momento al otro. Mis notas en el colegio volvieron a subir, dejándome la libreta de calificaciones y cerrándolas con notas mayores al límite, teniendo uno de los mejores promedios del curso; mis compañeros dejaron de molestarme, aunque nunca faltaba el idiota que se burla de ti por muchas razones, aunque ese 'idiota' ya no era Miranda… logró cambiarse de colegio porque mis compañeros, siendo un poco metidos, dijeron y comentaron cada cosa que me hizo desde el primer año que recibí la beca colegial; mi trabajo como camarera sigue pendiente, ayudándole a mi madre, –quien fue despedida de su trabajo hace solo tres días, por una crisis económica de su empresa–, a pagar las cuentas de la casa y demás atribuciones; por suerte, lograron aumentarme el sueldo notablemente al ver la mejoría del local, como cada noche se llenaba y sobretodo los viernes, donde seguía cantando. La ciudad empezó a ser más poblada, con más visitantes y un poco más organizada; ya no más basura por ningún lado ni personas tiradas en la calle. Mi padre, y mi hermana, fueron encontrados… ambos en un prostíbulo a unos treinta kilómetros de aquí, tras una inteligente marcha policial investigadora con ayuda de mi parte; entonces… ambos, y por más que en un lado profundo de mi ser duela, están presos bajo cincuenta años por trata de personas y drogas de por medio. Y Justin… ¿por qué sonrío inconscientemente al recordarlo? No sé, pero me resulta la persona más increíble que nunca conocí. Todos los días, sin excepción de ninguno, él me llamaba por teléfono o hablábamos por un regalo de su parte: una computadora, a pesar de que le dije que no quería ninguna, lo había hecho y mandado desde Los Ángeles. Entonces, Skype y Twitter se convirtieron en los medios más económicos de comunicación.
–No mamá, no fui a bañarme aún. –rodé los ojos bufando. Era la décima vez que me lo preguntaba, ¡Y cansaba!
–Date prisa tonta, tengo una entrevista y tengo que bañarme.
–Entonces báñate primero. –volví a rodar los ojos, mientras seguía mirando el celular.
–Deja a Justin tranquilo, ya te llamará. –dijo como si nada. La miré por un segundo, y le saqué la lengua divertida.
–No estoy esperando a que él me llame. – mentí totalmente. Y ella lo notó, al ver como una piadosa sonrisa aparecía en mi rostro.
–Claro. –comentó irónicamente y seguido de eso, entró al baño.
Y como si él me escuchara, el teléfono empezó a sonar con su tono: 'Beauty and beat'. Sin esperarlo, y algo desesperada, apreté el botón para atender, sintiendo como mi estómago se llenaba de maripositas.
–¿Hola? –dije en inglés. Un lado interno de mi mente, me pateó por lo desesperada y emocionada que había sonado mi voz.
–¿Hola? –bromeó esa voz tan conocida para mí. En un español casi irreconocible.
Reí torpemente. Él rió torpemente también.
–¿Justin? –tonta… tonta _____.
–No, habla _____. –dijo divertido. Rodé los ojos sintiendo como mi estómago se llenaba de mariposas que revoloteaban dentro de él.
–Mucho gusto, ______, soy Justin, un tonto. –respondí yo jugando. Habíamos encontrado la perfecta situación de hablar inglés–español permitiendo que nos entendiéramos.
–Yo soy una chica muy sexy. –dijo él imitando la voz de una mujer. Reí con carcajadas limpias, y él lo imitó.
–¡Yo no hablo así! –exclamé mientras me levantaba de la cama, yendo al balcón con una sonrisa tan grande, que apenas cabía.
–Oh, claro que sí.
–Hablemos seriamente…
–Nunca lo hacemos, y siempre lo dices. –dejó escapar varias carcajadas a través del parlante del teléfono, dejándome atónita.
–Es verdad… –sonreí por un segundo. –pero esta vez debo hablarlo contigo, seriamente. –espeté con la voz en un intento de misterio. Él murmuró un '¿Mmh?' dándome un leve asentimiento de que siga hablando. – Tengo una gran propuesta. –dije y sonreí con emoción.
–¿Qué sucedió? –preguntó o algo parecido, pero dio a entender eso. Reí ante su tono entusiasta.
–¡Tengo una beca! –grité con emoción, casi saltando sobre el suelo del balcón.
Era el primero que sabía, y me sentía super emocionada por ello.
–¡Felicidades! –exclamó él en respuesta. Y supe que él también sonreía.
–¡En Nueva York! –grité nuevamente, dejando salir toda la emoción de mi interior.
Un grito ahogado se escuchó de su parte, y más… al saber que Los Ángeles se encuentra a cuatro simples horas de Nueva York. ¿Genial, no? De repente, otro grito… no mío, no de él… de mi madre desde la ventana del baño y de fondo, el sonido de la ducha.
–¡Te mataré _______! –gritó ella en respuesta, dándome a entender que escuchó mi conversación con Justin.
Simplemente, reí con felicidad.
–¡Entonces podremos vernos! –dijo él y asentí con la cabeza, sabiendo que él no me podía ver.
–¡Sí! –respondí en inglés.
Y el resto de la conversación… fue lo común, sumando el sentimiento de felicidad, al saber que por fin íbamos a vernos de nuevo porque apenas pasaron casi tres semanas, y ya lo extrañaba en exceso. Al parecer… él también.
–Te extraño. –dijo y fue lo suficiente para que mi corazón se rellenara de cariño; mi garganta suprimió un grito que quedó impregnado en la garganta, casi a punto de salir, y fue como si ella se volvió una estrecha franja permitiendo, solamente, que pase la saliva.
–Te entiendo… –conteste. –Yo también me extrañaría, ¡es que soy tan genial! –reí tontamente, intentando olvidar los sentimientos evidentes de felicidad dentro mío.
–Oh… –y murmuró algo que no entendí, sinceramente.
–¡Es mentira! Sabes que te extraño muchísimo también. –suspiré luego de ello. No mentía al decir que lo extrañaba; era lo más sincero que alguna vez haya dicho, y no era de decir demasiadas mentiras.
–Te quiero, _____. ¡Adiós! –antes de que pueda responder… cortó.
Pero me dejó con esa sonrisa estúpida en el rostro, quizás imposible de quitar fácilmente.
Ahora, paso dos: "Viajar". 






Capitulo 11








<<¿Planeas quedarte quieta como tonta, sin decir nada y lamentarte por no saber inglés? Vaya boba…>> se quejaba el interior de ella, una leve voz adentro de su cabeza.
-¡No! –dijo respondiéndose, en una voz alta lamentable. Él dejó de tocar su guitarra y la miró frunciendo el ceño. Ella se ruborizó. –Nada. –sonrió tímida.
Justin se quedó mirando su sonrisa y mejillas rojas. Luego rió leve. Sacó su iphone y unió las partes rotas rogando que funcione… al menos, por un minuto. Por lo menos, para utilizar un traductor y por cinco segundos, comunicarse para saber dónde estaba salvo y feliz. Que la había encontrado sorpresivamente y sin buscarla. Y ahora estaba a su lado, sin saber inglés.
El pequeño tintineo del celular al prenderse, hizo levantar la cabeza de _____.
No tenía batería… por mala suerte.
Ella, tomó su bolso que estaba alado suyo y sacó su movil para controlar el saldo. Pero nuevamente… él tenía un iphone última generación, y ella un lindo dinosaurio versión teléfono. Él no se rió jamás, y ella escondió su timidez por un minuto, para extenderle el teléfono con el brazo y mirarlo a los ojos, dándole permiso para que al menos, se comunique con alguien.
-¿Segura? –preguntó él sabiendo que ______ no tenía todo el dinero del mundo. Aunque no le avergonzaba a Justin, él sabía que ella sí.
-Claro. –respondió ella, entendiéndolo bien.
Entonces, Justin marcó el número con emoción.
-¿Mamá? No tengo mucho tiempo… estoy en un lugar llamado… -habló rápidamente, sin dar espacio a sus pulmones para respirar.
-_____(tc) –respondió ______.
-_____
_(tc). Y encontré a alguien… -pero en ese instante, la comunicación se cortó sin poder dar más detalles.


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-Entonces… déjame entenderte. –dijo él mirando las locas mímicas de ella. –Bailas… -imitó a una bailarina, y en el intento, hizo reír a _____. –Tocas la guitarra… -imitó tocarla. –Eres mi fan… -Gritó un "Oh… ¡Es Justin Bieber! ¡Te amo!" donde ambos rieron. –Y trabajas. –agarró una escoba cercana a ellos y falsamente, empezó a barrer. Porque no tenía ni idea de cómo hacerlo.
______ rodó los ojos divertida y le quito la escoba de la mano, para barrer ella, pero él volvió a quitarsela burlón.
-¡Lo estoy haciendo yo! –exclamó levantando los hombros, y siguió "limpiando". Ella lo entendió a la perfección, como últimamente lo estaban haciendo hace unas horas.
-¡Pero lo haces mal! –rió en el intento de sonar seria.

______ estaba feliz, sin poderlo creer.
Él estaba más que eso. Estaba emocionado.
Pero ella estaba aún sin creerlo.
El sonido de la cerradura de la puerta, los hizo mirarse al mismo tiempo. Ella se encogió de hombros.
-¡Llegué, hija! –gritó Lucía desde el interior de la casa. ____ dejó escapar un suspiro, mientras Justin se preguntaba, interiormente, quién era. Porque ella en ningún momento nombró a su madre, o con quien vivía allí; y a él… no le interesó demasiado ese punto.
-Aquí, mamá. –respondió ella sin intenciones de gritar más allá. Justin percató que en segundos… vería a la madre de _____ al entender 'mamá'.
Y en segundos, una pequeña figura de pelo negro y ojos grises, casi igual a _____ excepto por el concepto de pelo y ojos, de unos treinta años, apareció en ambas vistas. Él sonrió tratando parecer amigable, y Lucía, casi se cae de culo al suelo. Sus ojos abiertos, exageradamente y casi desorbitados, causaron gracia en ambos mientras _____ sentía sus ojos casi-lagrimear.
<<¿Resultó imposible o no, madre?>> Una voz en su interior se preguntó retóricamente. Ella decidió no decirlo en voz alta.
-¿Él es… él…? ¿Qué? –preguntó confundida, frunciendo el ceño. Justin y ____ se miraron al mismo tiempo, sonriéndose mutuamente, y _____ le dio una leve indicación para que la salude. -¿El chico de tus posters? –volvió a preguntar Lucía.
______ rió en una carcajada agradable. Como hace mucho no hacía.
-Justin Bieber, un gusto. –nuevamente, el lindo acento inglés-francés y canadiense dejó petrificada a ambas mujeres.
Lucía no entendió nada. Peor que _____. Pero… de tal palo, tal astilla.
-Te está saludando, mamá. –burlonamente, hablo _____. Su madre la miró como si era totalmente una broma y ____ negó con la cabeza.
-Lo conocí. –dijo victoriosa. –dijiste que no lo haría… y aquí está. –sentenció con una sonrisa orgullosa.

|Punto de vista: ______|


No sabía si reír o llorar.
Mi mamá miraba horrorizada desde el triste ventanal de casa, para donde estábamos nosotros, en el balcón. Sin embargo, con Justin nos acostumbramos a su mirada y solo vivíamos riendo de tonterías; tonterías que apenas nos entendíamos; pero lo hacíamos y eso contaba. ¿Qué daba lo demás? Ya que el intento de que Justin aprendiera español fuera descartado, -el muy tonto no lograba captar ni una palabra, y solo repetía graciosamente como si tenía una papa en la boca-, y el mío fue… bueno, yo no sirvo para ser bilingüe, directamente. Entonces… hablábamos por señas y mímica.
Pero ahora, estábamos mirando para la calle, riendo sin saber de qué.
Por un momento, ambos… o yo, nos olvidamos del resto de las personas, o los problemas que solía tener siempre.
Y de un segundo al otro… un bus impresionantemente alto y grande, llamó nuestra atención. Ambos lo conocíamos… era imposible que yo no lo conozca, y él menos. Sin pensarlo, nos levantamos del piso en un movimiento rápido.
-Volvieron… -susurré haciendo una mueca. El 'volver' en este caso, no era un verbo emocionante… era lo contrario; y lo contrarío, sería 'irse'.

<<Se iría. Se olvidaría de mí. Lloraría. Y volvería a ser la misma tonta antisocial del colegio>>.

Pero él sonreía… como si quisiera alejarse de mí de una vez por todas; aunque a esa conclusión la descarté, porque todo el tiempo me trató como ningún chico lo hizo. Y cuando el bus siguió andando para el lado de la calle en diagonal a mi casa, entonces… Justin gritó algo como si su garganta salió del lugar. Pero no paró. Yo, por mi parte, quité mis pensamientos negativos y volví adentro llevando por delante a medio sillón, otra silla, una mesa, un mantel que estaba sobre la mesa y también me choqué la puerta de madera, por lo que tuve que bajar las escaleras con una mano sobre la barandilla y otra por la frente. ¡Un jodido chichón!
Mierda.
Pero lo ignoré y seguí corriendo hasta abrir la puerta del primer piso y salir como si fuera un ladrón en fuga.
-¡Hey! –grité como pude, sin parar de correr. Nuevamente… <<Gracias clases de atletismo>> .
¡El colectivo no paraba! Y me llevaba más de media cuadra de diferencia. ¿Acaso no me veían? Era pequeña… sí, pero no para que no tomen en cuenta mis 1.59 centímetros que corrían como un animal. Para colmo… me estaba cansando y la respiración se hacía cada vez más pesada e intranquila al compás de mi corazón, que latía desenfrenado. ¡Necesitaba parar! Pero también necesitaba ayudar a Justin. Y habían llegado para buscarlo, aunque eso me desilusione y bajen las opciones de volver a verlo en mi vida; no es su culpa… es la mía; yo sabía que esto pasaría pero lo olvidé.
Fue como que si cuando estaba con él, todo se esfumaba.
Eso me hizo escapar una sonrisa mientras paraba de correr, con la boca abierta en busca de aire. Y cuando menos lo pensé, el bus paró en seco a casi dos cuadras de distancia de mí. El pecho me dolía y mi respiración no dejaba de ser pesada.
-¿Te sientes bien? –preguntó Justin de repente, mientras tomaba mis muñecas. Él estaba atrás de mi espalda; yo asentí y ambos mirábamos al bus, pero yo todavía estaba con mi dificultosa respiración.
-Sí –susurré exhalando.
Me apretó con más firmeza a su pecho. Y si no estaba tan preocupada porque mi respiración no volvía, estaría desmayándome de encanto. Apoyé la cabeza sobre el libre hombro de Justin, cerrando los ojos. Una estúpida y corta, bueno… casi-corta, carrera me había vencido. Pero los volví a abrir, cuando la conocida fina y femenina voz conocía… por videos.
Mis ojos volvieron a nublarse de lágrimas inmediatamente. Tenía a nadie más, ni nadie menos que Pattie Mallette frente a mis ojos; observando su sonrisa confundida y mente fruncida, abrí la boca sorprendida. Ella, siendo notable que no sabía ni entendía nada, habló en un inglés que me fue imposible traducir. Justin, pidiéndome permiso lentamente, se separó para saludar a su madre con un gigante abrazo, como si no se veían de años… similar al que anteriormente nos habíamos dado hace solo horas. Yo sonreí, llevando una mano cerca de mi boca intentando contener las lágrimas. Siempre había querido conocer a su mamá… siempre había sido uno de mis sueños.
Y otro más a la lista de 'sueños realizados'. Hoy, sin duda, era el mejor día de mi vida.
-¿Quién es ella, Justin? –prácticamente, y si no fallaba, Pattie preguntaba eso al separarse. Más atrás, se veía como Scooter y Alfredo aparecían trotando hacia nosotros. Yo, por mi parte, me mantuve inmóvil, con la mano en la boca conteniendo las lágrimas acumuladas en las esquinas de mis ojos.
-_____, mamá. –dijo mi nombre directamente, como si me conocía de por vida. Una sonrisa asomó el rostro de Pattie, igual a la de Justin. Ella me miró con sus ojos azules extremadamente abiertos y enseguida separó sus manos de él para abrazarme con fuerza a mí.
Por un momento, me recordó a esos abrazos maternales que teníamos con mamá.
Por otro, recobraron los sentimientos de mi interior y una lágrima resbaló en mi mejilla lentamente. Sonreí satisfecha… me sentía la mayor de las glorias.
¿Cómo casi pude darme por vencida pensando que esto no valía la pena?





Capitulo 10

Ambos pensaron que el mundo se había detenido. Ella no podía entender por qué y cómo había sucedido eso… pero estaba tan feliz, que era difícil creerlo. Y él… simplemente, la miraba atónito como si fuera otro estúpido sueño y despertaría en minutos sin tener algo claro y nuevo sobre ella. Aunque ya no había tiempo para que sea un sueño. Esto era totalmente real.
–¿Justin? –repitió _____ en un débil susurro de su garganta… seca.
–¿______? –preguntó, recordando el nombre con el que fue llamada por su profesora de ballet. Ella rió tontamente al escuchar como su acento canadiense intentaba hablar español.
–¿Eres tú, de verdad? –La idea sonaba irreal… pero él estaba aquí. Sí, estaba aquí, pero sin el paquete de bilingüe, porque no hablaba más que inglés y francés.
–¿Ah? –hizo una mueca extraña al no entender el español que le hablaba con fluidez la pequeña muchacha.
–Nada… ahora cállate y abrázame que te quiero demasiado como para dejarte ir, ahora. –Le dijo ella, limpiándose las lágrimas que salían de sus ojos… pero en el lugar, volvían acumularse otras nuevas. El ceño fruncido de Justin se profundizó, pero _____ tomó la delantera, y lo abrazó por el cuello sintiendo como las fosas nasales recolectaban el varonil olor de él. Y seguía ensuciando la remera de él, mientras él acariciaba su espalda de arriba abajo como si la reconfortaba, pero solo estaba guardando este momento en su mente.
–¿Y ahora qué? –Preguntó Justin en inglés.
Lindo obstáculo… ninguno hablaba inglés, ni español. Excepto ____, que manejaba un poco de inglés… pero un poco.
–No, no está lloviendo, Justin. –Respondió en un intento de inglés, calculando mal la pregunta de él. Justin, en respuesta, lanzó una carcajada, estrechándola más fuerte.
–¿Sabías que estuve soñando contigo todo este tiempo? Pensé que no eras real. –Dijo él como si nada. Pero ella no entendía… solo una palabra, pero esa palabra no era más que un conector, y de nuevo calculó mal
–Go to… your house? –preguntó ella… otra vez, un nuevo intento de inglés. Él la miró divertido, reprimiendo una carcajada escondida en su garganta. Ella bajó la cabeza, avergonzada y maldiciendo en su mente, que no tenía ni una pizca de bilingüe.
<<Acordatorio: Tomar atención en clases de inglés y leer>>
–No, io… no, I'm here porqhue… problem –Respondió él con su mínimo spanglish,
Pero _____ entendió bien. Estaba aquí por un problema. Y solo.
Lo tomó de la mano, enlazándolas entre sus dedos y antes de que vea el sonrojo de sus mejillas empezó a caminar.
–¿Dónde vamos? –dijo Justin. Ella lo miró y sonrió tontamente.
–A mi house.


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–This is my house. –le dijo apenas al abrir la puerta. El leve chillido de la oxidación en el metal a los costados de la puerta de madera, le hizo avergonzarse. Se corrió dándole espacio a él para entrar, pero interiormente, se maldijo por haber tomado tan tonta decisión. Y Justin, se dedicó a mirar atentamente cada espacio de la humilde casa… que no estaba acostumbrado a pisar.
Sin embargo… en ningún momento presentó gestos de disgustación, y eso le hizo sentir bien en cierta forma a _____. Porque él era como ella siempre se imaginó.
–¿Mamá? –gritó buscando una respuesta de Lucía, pero no había ni un ruido más. Se acercó al interruptor, ya que las luces estaban apagadas, y los apretó para que la lamparilla se encienda. Justin caminó alrededor de la mesa, mirando fotos y demás cosas que había en los muebles. Pero las luces no encendían… y ya estaba intentando prender como cinco. Ni una.
Nuevamente… sintió vergüenza.
–Oh… –murmuró haciendo una mueca. No tenía dinero para invitarlo a algún lado y su casa estaba sin luz porque no pagaron la factura. Mientras tanto, él miraba a su alrededor. –Justin… –lo llamó y él la miró con los ojos gigantemente abiertos. –Ven –ella empezó a caminar por el pasillo, hasta llegar a su habitación. Abrió la puerta y ambos pasaron. Aunque estaba oscuro, se lograba ver algo.
Justin sonrió al ver como unas cuantas fotos colgaban en su pared; siguió caminando por el costado, fijando su vista en un papel en la mesa de luz al costado de su cama, donde resaltaba el blanco. Una canción… la canción que ella había escrito. Rápidamente, ______ le quitó de las manos ese papel, aunque no lo entendería, –porque estaba escrito en español–, no podía dejar que él vea todo lo que ha sufrido. El confuso ceño fruncido de Justin, le hizo sonreír avergonzadamente pidiendo disculpas. Entonces… él vio la guitarra arriba de su cama. Se sentó en el colchón, y sacó la guitarra de su estuche. _____ guardó la carta en su bolsillo y caminó hasta la ventana para abrirla y que entre un poco de luz.
–¿Tocas? –Justin preguntó en su idioma, haciendo muecas y movimientos con las cuerdas de la guitarra. Ella se encogió de hombros, mirándolo sobre la oscuridad.
–Yeah. –respondió.
Él recordó un sueño… de ella tocando la guitarra. La misma que tenía por sobre sus manos.
Tanteó el colchón con sus manos, alado suyo, incitándola a sentarse. Ella obedeció y al instante, fijó su mirada en las manos de él que tocaban una hermosa canción: Fall.

Cerró los ojos, y apoyó su cabeza en el hombro de él… escuchando como cantaba con su voz suave y masculina. Más la guitarra, que acompañaba a la perfección. Totalmente, una mezcla incomparable… con nada.














Capitulo 9

Ella no sentía las fuerzas necesarias para seguir… mientras sus piernas desobedecían y la dejaban caer al piso, al compás de que las lágrimas derramaban en sus mejillas. Precisamente de felicidad, pero dicen que no existen las lágrimas de felicidad, que solo es la tensión que se consumía internamente y debía salir en un feliz momento como este. Pero ella estaba tan petrificada, que le resultaba imposible poder pensar en algo más que “tengo-a-la-persona-que-mas-admiro-frente-a-mi-y-está-viendome”.
Él la observaba a los ojos, sintiendo como la emoción y las ganas de romper ese vidrio que los separaba, intentaba salir para por fin abrazarla y sentirla real. Porque ella fue como una ilusión… una pizca de color en su negro y blanco mundo sin sentido. Y ni siquiera la conocía. Pero algo lo atraía como un imán al metal.
La profesora de ella, la tomó del brazo para levantarla del piso, mientras gritaba para que reaccione. Pero _____ estaba en su pequeña burbuja ensordecedora y ciega nada más que a cualquier cosa que no tenga que ver con esos brillantes ojos mieles que la observaban de la misma forma que los de ella: con ilusión. Finalmente, logró sostenerse en sus piernas, y con un esfuerzo sobrenatural la observó como por una milésima de segundo intentando entenderla. Pero no podía… su cabeza estaba destinada a mirar al lindo chico de sus sueños.
Erika la soltó al ver que ella no respondía a sus gritos y caminó a la ventana, donde con una mirada fría y calculadora hacía Justin, cerró las cortinas rojas, tapándole la vista para el interior, y volvió para donde anteriormente estaba ______. Pero ella, ya había salido del lugar… ya se estaba colocando su jean, la blusa y la chaqueta a tiempo rëcord, sin importarle atención a sus pies que estaban envueltos por las puntas. Tomó su bolso y lo colgó en su hombro izquierdo, mientras su mano derecha sostenía el par de zapatillas para ponérselas en el camino, pues… no tenía tiempo.
–¿A dónde pretendes irte? El ensayo no terminó. –Le dijo ella, con la voz seca-. _____ siguió caminando para la salida, sin importarle.
–Están esperándome afuera. –Le contestó de la misma forma, mientras limpiaba sus lágrimas y abría la puerta principal.
–Ayer hiciste lo mismo y te volví a dar otra oportunidad. Si te vas, es mejor que no vuelvas.
–Ayer me dijiste lo mismo sin que te importe mis sueños.
–¿Un chico que no conoces es tu sueño, ______? –preguntó en un tono bromista, que hizo enfadar a ______.
–Si no te importa… me encantaría que dejen de elegir en mi vida sobre lo que hago y lo que no. –Escupió sin temor, por primera vez, sintiéndose segura y decidida. –Adiós.
Y con ese simple saludo de despedida, salió de allí.
Pero él no estaba. Él se había ido.

Miró para todos lados de las calles vacías… mientras la desesperación había reemplazado a la felicidad, -y el enfado-, que había sentido segundos atrás. Pero nada… ni una famosa cabellera rubia acastañada se reflejaba o resaltaba a través de las desoladas calles. Entonces, recordó que esta era una ciudad pequeña, no podía haber huido lejos… y aunque se sintió una fan desesperada por un segundo, corrió para el lado incorrecto de donde él había ido.
Movió sus piernas con agilidad, agradeciendo las clases de atletismo en el colegio que le habían ayudado a dejar esos rastros de bailarina por unos momentos. Al finalizar la calle, se encontró con la avenida principal de la ciudad… también vacía como comúnmente lo era, y se fijó a los laterales, pero tampoco. Entonces, limpió sus mejillas aguadas por anteriores lágrimas que habían cesado por la enorme decepción y dobló a la izquierda, insegura de saber si iba al lado correcto.

Él se había marchado del ventanal, luego de unos minutos, cuando un hombre vagabundo le llamó la atención. Miró el ventanal tapado por las cortinas rojas nuevamente, seguro de que era una alucinación de último momento, por el enorme deseo de encontrarla. Y caminó para donde él estaba, con los pasos algo apresurados.
–¿Se encuentra bien? –preguntó en inglés. No era la primera persona que lo miraba confundido porque estaba en un lugar aparentemente abandonado.
–¿Qué? –dijo el vagabundo en español, con el atuendo sucio y se notaba que no tenía todos los cabales en la cabeza bien enganchados.
–¿Puede entenderme?
–Linda chaqueta –con ojos iluminados, admiró el cuero brillante y negro que resaltaba en ella. Justin por instinto, siguió su punto de vista y retrocedió un paso.
Él no tenía ni idea de los robos… jamás le habían asaltado ni robado.
–Lo siento… debo irme –volvió a avanzar ese paso, pero luego otro y otro, pasando por el lado de él. El anciano se levantó del piso y tomó la frazada que lo cubría, para eso, Justin ya estaba corriendo en sentido contrario.
Con la mayor fuerza de piernas, ignoró todo pensamiento y siguió corriendo. Dobló a la derecha en la avenida enorme y todavía vacía cuando, de repente… chocó contra algo, o peor, contra alguien.
El pequeño cuerpo que impactó sobre el de él, cayó al suelo y Justin sin poder observar su rostro por mirar atrás, la tomó entre brazos y siguió corriendo en un rumbo invisible. Sin GPS ni nada que lo mande o indique. Para su suerte, el cuerpo chico que sostenía, era el de una mujer liviana y se acopló a su pecho instantáneamente, volviendo más fácil para él.
–Mierda. –Murmuró él cansándose de correr y volvió a fijarse atrás… pero el tipo no estaba más, entonces paró en seco. Con temor de que, como en las películas de terror, el loco psicópata aparezca en frente, volteó ignorando ese pensamiento al ver que no había nadie. Pero siguió caminando, y cuando recordó que en sus brazos sostenía a alguien, quedó perplejo.
No había sido una alucinación.
Era ella. Absolutamente y jodidamente ella. La del pelo castaño y ojos oscuros. Piel blanca pálida, boca rosa débil y nariz redondeada.
Y paró en seco, cuando ella estiró su pequeña mano y acarició la mejilla de él.
–Justin –Susurró estupefacta, con una la boca seca y garganta casi cerrada. Sus ojos, nuevamente, llorosos y al encontrar los de él, se sintieron quietos… en otra dimensión solitaria, donde solamente eran ellos.
Era increíble. Increíble era demasiado poco, pero lo asimilaba.