Capitulo 9
Ella no sentía las fuerzas necesarias para seguir… mientras sus piernas desobedecían y la dejaban caer al piso, al compás de que las lágrimas derramaban en sus mejillas. Precisamente de felicidad, pero dicen que no existen las lágrimas de felicidad, que solo es la tensión que se consumía internamente y debía salir en un feliz momento como este. Pero ella estaba tan petrificada, que le resultaba imposible poder pensar en algo más que “tengo-a-la-persona-que-ma
Él la observaba a los ojos, sintiendo como la emoción y las ganas de romper ese vidrio que los separaba, intentaba salir para por fin abrazarla y sentirla real. Porque ella fue como una ilusión… una pizca de color en su negro y blanco mundo sin sentido. Y ni siquiera la conocía. Pero algo lo atraía como un imán al metal.
La profesora de ella, la tomó del brazo para levantarla del piso, mientras gritaba para que reaccione. Pero _____ estaba en su pequeña burbuja ensordecedora y ciega nada más que a cualquier cosa que no tenga que ver con esos brillantes ojos mieles que la observaban de la misma forma que los de ella: con ilusión. Finalmente, logró sostenerse en sus piernas, y con un esfuerzo sobrenatural la observó como por una milésima de segundo intentando entenderla. Pero no podía… su cabeza estaba destinada a mirar al lindo chico de sus sueños.
Erika la soltó al ver que ella no respondía a sus gritos y caminó a la ventana, donde con una mirada fría y calculadora hacía Justin, cerró las cortinas rojas, tapándole la vista para el interior, y volvió para donde anteriormente estaba ______. Pero ella, ya había salido del lugar… ya se estaba colocando su jean, la blusa y la chaqueta a tiempo rëcord, sin importarle atención a sus pies que estaban envueltos por las puntas. Tomó su bolso y lo colgó en su hombro izquierdo, mientras su mano derecha sostenía el par de zapatillas para ponérselas en el camino, pues… no tenía tiempo.
–¿A dónde pretendes irte? El ensayo no terminó. –Le dijo ella, con la voz seca-. _____ siguió caminando para la salida, sin importarle.
–Están esperándome afuera. –Le contestó de la misma forma, mientras limpiaba sus lágrimas y abría la puerta principal.
–Ayer hiciste lo mismo y te volví a dar otra oportunidad. Si te vas, es mejor que no vuelvas.
–Ayer me dijiste lo mismo sin que te importe mis sueños.
–¿Un chico que no conoces es tu sueño, ______? –preguntó en un tono bromista, que hizo enfadar a ______.
–Si no te importa… me encantaría que dejen de elegir en mi vida sobre lo que hago y lo que no. –Escupió sin temor, por primera vez, sintiéndose segura y decidida. –Adiós.
Y con ese simple saludo de despedida, salió de allí.
Pero él no estaba. Él se había ido.
Miró para todos lados de las calles vacías… mientras la desesperación había reemplazado a la felicidad, -y el enfado-, que había sentido segundos atrás. Pero nada… ni una famosa cabellera rubia acastañada se reflejaba o resaltaba a través de las desoladas calles. Entonces, recordó que esta era una ciudad pequeña, no podía haber huido lejos… y aunque se sintió una fan desesperada por un segundo, corrió para el lado incorrecto de donde él había ido.
Movió sus piernas con agilidad, agradeciendo las clases de atletismo en el colegio que le habían ayudado a dejar esos rastros de bailarina por unos momentos. Al finalizar la calle, se encontró con la avenida principal de la ciudad… también vacía como comúnmente lo era, y se fijó a los laterales, pero tampoco. Entonces, limpió sus mejillas aguadas por anteriores lágrimas que habían cesado por la enorme decepción y dobló a la izquierda, insegura de saber si iba al lado correcto.
Él se había marchado del ventanal, luego de unos minutos, cuando un hombre vagabundo le llamó la atención. Miró el ventanal tapado por las cortinas rojas nuevamente, seguro de que era una alucinación de último momento, por el enorme deseo de encontrarla. Y caminó para donde él estaba, con los pasos algo apresurados.
–¿Se encuentra bien? –preguntó en inglés. No era la primera persona que lo miraba confundido porque estaba en un lugar aparentemente abandonado.
–¿Qué? –dijo el vagabundo en español, con el atuendo sucio y se notaba que no tenía todos los cabales en la cabeza bien enganchados.
–¿Puede entenderme?
–Linda chaqueta –con ojos iluminados, admiró el cuero brillante y negro que resaltaba en ella. Justin por instinto, siguió su punto de vista y retrocedió un paso.
Él no tenía ni idea de los robos… jamás le habían asaltado ni robado.
–Lo siento… debo irme –volvió a avanzar ese paso, pero luego otro y otro, pasando por el lado de él. El anciano se levantó del piso y tomó la frazada que lo cubría, para eso, Justin ya estaba corriendo en sentido contrario.
Con la mayor fuerza de piernas, ignoró todo pensamiento y siguió corriendo. Dobló a la derecha en la avenida enorme y todavía vacía cuando, de repente… chocó contra algo, o peor, contra alguien.
El pequeño cuerpo que impactó sobre el de él, cayó al suelo y Justin sin poder observar su rostro por mirar atrás, la tomó entre brazos y siguió corriendo en un rumbo invisible. Sin GPS ni nada que lo mande o indique. Para su suerte, el cuerpo chico que sostenía, era el de una mujer liviana y se acopló a su pecho instantáneamente, volviendo más fácil para él.
–Mierda. –Murmuró él cansándose de correr y volvió a fijarse atrás… pero el tipo no estaba más, entonces paró en seco. Con temor de que, como en las películas de terror, el loco psicópata aparezca en frente, volteó ignorando ese pensamiento al ver que no había nadie. Pero siguió caminando, y cuando recordó que en sus brazos sostenía a alguien, quedó perplejo.
No había sido una alucinación.
Era ella. Absolutamente y jodidamente ella. La del pelo castaño y ojos oscuros. Piel blanca pálida, boca rosa débil y nariz redondeada.
Y paró en seco, cuando ella estiró su pequeña mano y acarició la mejilla de él.
–Justin –Susurró estupefacta, con una la boca seca y garganta casi cerrada. Sus ojos, nuevamente, llorosos y al encontrar los de él, se sintieron quietos… en otra dimensión solitaria, donde solamente eran ellos.
Era increíble. Increíble era demasiado poco, pero lo asimilaba.
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