Capitulo 12

–No quiero que te vayas. –susurré sabiendo que no entendería. Sin embargo, sonreí con dificultad; aunque estaba segura de que se daba cuenta de cuánto fingía.
Justin sonrió sin mostrar sus dientes y dijo algo en inglés que no capté.
Y por última vez, me abrazó fuerte dejándome sin aliento. Pero no importaba. Él se iba. Se alejaba. Quizás para siempre. Pero un lado profundo de mí, se sentía bien… renovado… como si yo era otra persona, totalmente diferente a la de unas horas atrás… gracias a él.
Nuevamente, limpié mis ojos que caían las lágrimas saladas y continuas por mis mejillas. Tampoco era que me importaba, pero odiaba que me vean llorar.
Entonces… se separó de mí lentamente; casi como cámara lenta. Me miró a los ojos para dirigir sus dos manos a los costados de mi rostro, justo donde estaba húmedo. Con sus pulgares, limpió el exceso de agua y acercó sus labios a mis mejillas, besándolas cerca de mi ojo tiernamente, encima de las lágrimas.
–… te prometo. –dijo y fue lo único que entendí. No sabía de qué se trataba… pero verdad, estaba segura que lo era.
–Gracias. –dije mirando sus bellos ojos mieles, algo brillantes. –Por todo.
Volvió a abrazarme protectoramente. No quería que se vaya. No quería que se olvide de mí.
Pero… después de todo… yo solo era una simple Belieber para él. Mientras que él era todo para mí. Dolía aceptarlo, pero era la realidad. La cruda realidad.
Y entonces… esa fue la última vez, que sentí que mi corazón se agrandaba en lágrimas al ver como subía al bus. ¿Cómo podía sentirme tan querida por alguien que solo conocí en persona en horas? ¿Cómo lograba que me sienta feliz y completa con solo minutos? ¿Qué había dicho o hecho para que me gustase tanto estar a su lado? Eran tantas preguntas… pero ninguna tenía respuesta. Solo sabía que él sería la única persona con la que tengo todas esas sensaciones. Que al abrazarme, parecía que todo se detenía por una milésima de segundo; y cuando hablaba, –a pesar que no entendía nada–, su voz causaba paz y generaba las millones de mariposas en mi interior. Simplemente era perfecto. Su forma de ser irreconocible en cualquier otra persona; su sonrisa blanca y brillante que no se ocultaba en ningún momento. Su risa, que era como la octava maravilla del mundo; sus ojos que miraban atentamente todo lo que hacía. Y lo mejor… el sentimiento que causaba como si nos conociéramos de toda la vida.
Solo estaba segura de una cosa: el conocerlo, fue la mejor cosa que me pudo haber pasado en mi vida. Sin importarme lo poco que fue. Ni lo lejos que se va.
¿Qué más daba? Había logrado conocerlo… cumplir mis sueños por un rato… disfrutar sin importarme lo demás por y gracias a él.
Nuevamente… gracias Justin.
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El sonido del despertador, me sacó del sueño que había tenido. Con la mirada somnolienta, dirigí mis ojos a la mesa de luz, donde yacía el movill sonando como un loco. 7.30 am.
¡Llegaré tarde!
De un tirón exageradamente mortal, salté de la cama abriendo los ojos de par en par, intentando despertarme como arte de magia. Tomé el jean, que estaba arriba de la silla, y metí una pierna con la misma velocidad que corría la luz; otra pierna y la sexy blusa que si alguien me veía, se volvería ciego por la belleza, mentira… por lo horrible. ¡Mierda! ¡La cama estaba con una gran mancha roja de sangre! ¡Qué asco! Había olvidado por completo que la fecha se acercaba y hola… aquí vino el asqueroso de Andrés, interrumpiendo, –como siempre–, en mi vida. Seguí vistiéndome sin importarme; me cambiaría en el colegio porque ahora era lo suficiente tarde como para preocuparme por ello.
Cuando terminé, salí corriendo para tomar el bus lo más rápido posible. Pero los putos buses, no paraban. La gente me miraba raro y quise suponer que era por mi despeinado cabello que danzaba por la brisa del viento. Y mi horrible buzo bordó del colegio, no servía para taparme del frío. Mierda. Llegaré tarde y nuevamente… tendré que soportar los comentarios burlones de todos. Y justamente hoy, no estaba de humor. Antes de ayer Justin se había ido, ayer fue un domingo tan deprimente y horrible que casi me la paso llorando y hoy… hoy llegaba tarde al colegio.
Divino.
Pero la mueca de confusión apareció en mi rostro apenas ver por la ventanilla, como la escuela estaba rodeada de personas que no conocía. Cámaras. Micrófonos. Reporteros. Mujeres. Hombres. Alumnos. Compañeros. Y todos mirando hacia afuera, como si buscaban a alguien. Entonces… cuando era la hora de que baje del bus, podía jurar que todas las miradas aparecieron y se reflejaron en mí, recordándome a los rayos láser.
Odiaba llamar la atención. Siempre lo odié.
–¡Es ella! –gritó un tipo, para que luego… millones de personas me rodearan en milésimas de segundos.
Volteé para mirar atrás, esperando que alguien más este detrás; una fabulosa estrella de cine que mágicamente llegó al colegio. Pero no… solo estaba la despeinada y desarreglada de _____. Mientras empezaba a hacer recordatorios de qué había hecho para esto… recordé 'Justin'.
Y… todos me hablaban juntos, como un coro descoordinado. Preguntas, más preguntas, más otras tontas preguntas que no escuchaba por el enorme ensordecedor que tenía en mi mente, gracias a la confusión. ¿Quiénes nos habían visto? Era una ciudad olvidada… casi oxidada y sin sentido. Con más drogadictos y viejos asquerosos, que personas verdaderas y trabajadoras. No había nadie, al menos que yo recuerde.
Pero no podía quedarme allí, incrustada entre idiotas.
Con mis manos, empujé a las personas con gentileza, intentando que el torbellino de furia no se desate de tan mal forma. Y a paso rápido, caminé por el pasillo que iban dejando las personas, escondiendo mi cabeza debajo de mi pelo. Agradecí que la puerta del colegio se aproximaba, pero en el instante de subir la escalera principal, la pequeña pero alta figura de Miranda se apareció frente a mis ojos, con una sonrisa brillante, como si estuviera feliz. Yo la miré con ojos contorneados en frialdad e intenté avanzar, pero me abrazó; me abrazó en un abrazo tan falso que causó asco en mí.
–¡Amiga! –exclamó con su chillona voz.
Ya no le tenía miedo. Eso era bueno.
–¿Quién te crees? –pregunté irónicamente, escapándome de sus brazos. Y las personas se juntaban sobre nosotras cada vez más.
–Vamos… tuvimos diferencias, pero… ¿todo pasó… –la interrumpí cansada, y compuesta por mal humor.
–No vengas con cuentos estúpidos. No tengo ánimos y no me siento bien.
–¿Todo por la fama, verdad? ¿Te sientes superior a mí por ellos? –gritó 'ofendida, intentando llamar la atención, más de la que tenía. Lancé una carcajada al aire, falsa y sin diversión.
–Miente… sigue mintiendo Miranda. No todas las personas somos como tú. –escupí como si no me costaba nada insultarla.
Amaba hacer eso. Amaba ver la forma que su boca, –que anteriormente tenía una sonrisa falsa–, se curvaba para abajo. Como su frente se fruncía y sus grandes ojos se abrían a la par, pestañando sin creerlo.
Interiormente, me alababa.
Y sin decir más, la ignoré esquivándola, y seguí caminando con la frente en alto esta vez.
Debía seguir siendo así. Confiada y segura.
Gracias Justin, nuevamente.
Los días pasaban rápidos como si fuera que volaban.
Todo estaba mejorando, de forma lenta, pero lo iba haciendo.
Desde el día que Justin apareció sorprendentemente, fue como si todo cambió de un momento al otro. Mis notas en el colegio volvieron a subir, dejándome la libreta de calificaciones y cerrándolas con notas mayores al límite, teniendo uno de los mejores promedios del curso; mis compañeros dejaron de molestarme, aunque nunca faltaba el idiota que se burla de ti por muchas razones, aunque ese 'idiota' ya no era Miranda… logró cambiarse de colegio porque mis compañeros, siendo un poco metidos, dijeron y comentaron cada cosa que me hizo desde el primer año que recibí la beca colegial; mi trabajo como camarera sigue pendiente, ayudándole a mi madre, –quien fue despedida de su trabajo hace solo tres días, por una crisis económica de su empresa–, a pagar las cuentas de la casa y demás atribuciones; por suerte, lograron aumentarme el sueldo notablemente al ver la mejoría del local, como cada noche se llenaba y sobretodo los viernes, donde seguía cantando. La ciudad empezó a ser más poblada, con más visitantes y un poco más organizada; ya no más basura por ningún lado ni personas tiradas en la calle. Mi padre, y mi hermana, fueron encontrados… ambos en un prostíbulo a unos treinta kilómetros de aquí, tras una inteligente marcha policial investigadora con ayuda de mi parte; entonces… ambos, y por más que en un lado profundo de mi ser duela, están presos bajo cincuenta años por trata de personas y drogas de por medio. Y Justin… ¿por qué sonrío inconscientemente al recordarlo? No sé, pero me resulta la persona más increíble que nunca conocí. Todos los días, sin excepción de ninguno, él me llamaba por teléfono o hablábamos por un regalo de su parte: una computadora, a pesar de que le dije que no quería ninguna, lo había hecho y mandado desde Los Ángeles. Entonces, Skype y Twitter se convirtieron en los medios más económicos de comunicación.
–No mamá, no fui a bañarme aún. –rodé los ojos bufando. Era la décima vez que me lo preguntaba, ¡Y cansaba!
–Date prisa tonta, tengo una entrevista y tengo que bañarme.
–Entonces báñate primero. –volví a rodar los ojos, mientras seguía mirando el celular.
–Deja a Justin tranquilo, ya te llamará. –dijo como si nada. La miré por un segundo, y le saqué la lengua divertida.
–No estoy esperando a que él me llame. – mentí totalmente. Y ella lo notó, al ver como una piadosa sonrisa aparecía en mi rostro.
–Claro. –comentó irónicamente y seguido de eso, entró al baño.
Y como si él me escuchara, el teléfono empezó a sonar con su tono: 'Beauty and beat'. Sin esperarlo, y algo desesperada, apreté el botón para atender, sintiendo como mi estómago se llenaba de maripositas.
–¿Hola? –dije en inglés. Un lado interno de mi mente, me pateó por lo desesperada y emocionada que había sonado mi voz.
–¿Hola? –bromeó esa voz tan conocida para mí. En un español casi irreconocible.
Reí torpemente. Él rió torpemente también.
–¿Justin? –tonta… tonta _____.
–No, habla _____. –dijo divertido. Rodé los ojos sintiendo como mi estómago se llenaba de mariposas que revoloteaban dentro de él.
–Mucho gusto, ______, soy Justin, un tonto. –respondí yo jugando. Habíamos encontrado la perfecta situación de hablar inglés–español permitiendo que nos entendiéramos.
–Yo soy una chica muy sexy. –dijo él imitando la voz de una mujer. Reí con carcajadas limpias, y él lo imitó.
–¡Yo no hablo así! –exclamé mientras me levantaba de la cama, yendo al balcón con una sonrisa tan grande, que apenas cabía.
–Oh, claro que sí.
–Hablemos seriamente…
–Nunca lo hacemos, y siempre lo dices. –dejó escapar varias carcajadas a través del parlante del teléfono, dejándome atónita.
–Es verdad… –sonreí por un segundo. –pero esta vez debo hablarlo contigo, seriamente. –espeté con la voz en un intento de misterio. Él murmuró un '¿Mmh?' dándome un leve asentimiento de que siga hablando. – Tengo una gran propuesta. –dije y sonreí con emoción.
–¿Qué sucedió? –preguntó o algo parecido, pero dio a entender eso. Reí ante su tono entusiasta.
–¡Tengo una beca! –grité con emoción, casi saltando sobre el suelo del balcón.
Era el primero que sabía, y me sentía super emocionada por ello.
–¡Felicidades! –exclamó él en respuesta. Y supe que él también sonreía.
–¡En Nueva York! –grité nuevamente, dejando salir toda la emoción de mi interior.
Un grito ahogado se escuchó de su parte, y más… al saber que Los Ángeles se encuentra a cuatro simples horas de Nueva York. ¿Genial, no? De repente, otro grito… no mío, no de él… de mi madre desde la ventana del baño y de fondo, el sonido de la ducha.
–¡Te mataré _______! –gritó ella en respuesta, dándome a entender que escuchó mi conversación con Justin.
Simplemente, reí con felicidad.
–¡Entonces podremos vernos! –dijo él y asentí con la cabeza, sabiendo que él no me podía ver.
–¡Sí! –respondí en inglés.
Y el resto de la conversación… fue lo común, sumando el sentimiento de felicidad, al saber que por fin íbamos a vernos de nuevo porque apenas pasaron casi tres semanas, y ya lo extrañaba en exceso. Al parecer… él también.
–Te extraño. –dijo y fue lo suficiente para que mi corazón se rellenara de cariño; mi garganta suprimió un grito que quedó impregnado en la garganta, casi a punto de salir, y fue como si ella se volvió una estrecha franja permitiendo, solamente, que pase la saliva.
–Te entiendo… –conteste. –Yo también me extrañaría, ¡es que soy tan genial! –reí tontamente, intentando olvidar los sentimientos evidentes de felicidad dentro mío.
–Oh… –y murmuró algo que no entendí, sinceramente.
–¡Es mentira! Sabes que te extraño muchísimo también. –suspiré luego de ello. No mentía al decir que lo extrañaba; era lo más sincero que alguna vez haya dicho, y no era de decir demasiadas mentiras.
–Te quiero, _____. ¡Adiós! –antes de que pueda responder… cortó.
Pero me dejó con esa sonrisa estúpida en el rostro, quizás imposible de quitar fácilmente.
Ahora, paso dos: "Viajar".
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