lunes, 26 de agosto de 2013


Capitulo 4 ~ “Pensando en ti”



–¡Justin no! –Habló entre risas la castaña, apenas pudiendo respirar. –¡Para! –ordenó intentando que su voz sea dura, en vano. Las habilidosas manos de Justin se movían con gracia en sus costillas, ocasionándole cosquillas. 
–¿Vas a volver a hacerlo? –Le preguntó levantando una ceja, sin parar. Las carcajadas de ella eran como ángeles cantando para sus oídos. Aunque era una risa de burro, él la tomaba como hermosas carcajadas. De repente, _____ sorbió para adentro el aire, y ya no era una risa de burro… era de cerdo.
Justin rió con ella mientras ___________ se retorcía sin poder respirar bien.
–¡Sí! –sin embargo… tomó el valor para enfrentarlo en respuesta a su anterior pregunta. Y se arrepintió al instante, cuando él llevó su boca a su cuello, y le hacía cosquillas en su blanca piel. –¡No! ¡Basta! ¡Juro que nunca más lo hago! –en gritos desesperados e intentando recuperar aire, él paró y se alejó para verla con una sonrisa triunfante, dejando las cosquillas de lado y tumbándose arriba suyo. –Estás pesado, mejor amigo –le dijo ella sin moverse, sin embargo, lo abrazó por la cintura. Su olor era tan encantador que juraba que en cualquier momento, desfallecería.
–Te quiero, mejor amiga.
–También te quiero, mejor amigo.

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El despertador lo sacó de su sueño. Bufó con histeria al darse cuenta de dos cosas: la mañana de un nuevo día llegó, y que la misteriosa chica que soñaba lo seguía atormentando. Y mientras más sueños tenga, más se multiplicaban las ganas de buscarla.
Esta vez… había podido observar con más detalles su rostro. El pelo seguía siendo castaño, los ojos cafés con una profundidad encantadora, la nariz respingada, los pómulos de sus mejillas rojizos por naturaleza y su boca en forma de corazón, roja como una manzana. Era linda… pero no solo eso le llamaba la atención. Era la aproximación a una clase de ángel. ¿Y si de verdad era un ángel que estaba metido en sus sueños, para darle una señal? Instantáneamente negó con la cabeza con esa hipótesis. Solo sabía… que si la llegaba a conocer, nunca la dejaría ir.
Nunca. -Y en este momento, el ‘Nunca digas nunca’ no se toma en cuenta-
Se levantó de la cama, sintiendo pero ignorando su cuerpo pesado por el cansancio y procedió a vestirse.

–Buenos días. –Susurró con la voz un poco adormilada, aunque hace media hora despertó.
–Buenos días, bebé. –Le saludó su madre, y Justin tomó camino a sentarse.


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Hoy era sábado. Un día totalmente soleado, y especial para disfrutar con amigas.
Sin embargo… _____ se sentía insegura. <<Como siempre>> su mente la volvía a torturar. Sacudió la cabeza intentado alejar esos pensamientos y volvió a mirarse en el espejo del baño; <<fea>> pensó desvaneciéndose por dentro, pero sonriendo por fuera.
Solía preguntarse por qué nunca encontraba nada bueno en sí misma. <<¿Acaso lo hay?>> la jodida voz, le seguía hablando internamente en su foro, haciéndola pensar que estaba loca. Pero claramente… no lo estaba. Era la idiota y sobre llevadora voces de los demás, al insultarla de esa manera. Porque no era fea… era hermosa, ¿pero cómo hacerle entender eso a su cabeza? Ya estaba dañada totalmente,
 y claro… 5 años de tortura, pueden maleneficiarte. 
Suspiró y negó con la cabeza, dando la vuelta sobre sus talones, y dirigiéndose a su habitación algo desordenada, su madre siempre se quejaba de su desorden, pero ella estaba bien así. Abrió el estuche de la guitarra y la sacó con el delicado movimiento como si fuera una espada, que al tocarla, la lastimaría. “Justina”, como se llamaba en representación a Justin. Se pasó la correa por su cabeza, y la colocó sobre su hombro izquierdo, dispuesta a tocarla.
Las cuerdas estaban tan desgastadas, que era consciente que en cualquier momento se romperían… pero como en casi todos los casos, no podía arreglarla por falta de dinero.
Y una melodía salió de sus dedos, tierna y suave. Sol, fa, do, re y se repetía, cerrando los ojos, y disfrutando del sonido que ella misma había y estaba creando por su propio instinto. De verdad amaba tocar ese instrumento. Abrió la boca, y empezó a tararear una canción de cuna, la misma que su madre le cantaba años atrás.
Esa guitarra, era el fruto de su fuente… de su esfuerzo. Con apenas once años recién cumplidos, encontró en el basurero de su abuela la misma, desgastada en color, con tres cuerdas menos y los trastes algo gastados; ella, y con ayuda de su abuelo Bob, empezó a pintarla y arreglarla para aprender a tocar. Nunca fue a clases, siempre lo hizo mirando videos y como en la televisión lo hacían.
Luego de práctica… practica y más práctica y ya con trece, pudo aprender a tocar canciones, hasta inventarlas. Ahora con diecinueve, es una gran guitarrista que nunca mostró su don a demás audiencia. Otro de sus defectos… era el temor a pensar que dirían los demás.
La sacó de la cercanía de su cuerpo y la volvió a colocar en su estuche, para colocarla por sobre su hombro y tomar todas las cosas necesarias para salir.


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–¡Justin! ¿Dónde has estado? ¡Te hemos estado buscando! –le preguntó Alfredo con una divertida ceja levantada. Él, quien no estaba de humor por no volver a encontrarla, rodó los ojos.
–No importa. Y no pienso hablar al respecto. –Le contestó secamente, evitándolo en su camino para el camerino.
–Lamento decirte que debes cambiar ese humor porque salimos en veinte. –Le dijo antes de que su amigo, atraviese la puerta-
–¡Ya lo sé! –irritado, respondió sin molestarse en voltear para verlo.
Alfredo, por un segundo, pensó que tenía problemas de bipolaridad ya que unos minutos antes había estado perfectamente bien con una sonrisa ampliadamente hermosa y por otro… desapareció y cambió para el otro lado. Justin solo se sentó en el sillón giratorio y cerró los ojos, con la intención de relajarse por unos minutos.
<<¿Dónde estás?>> Se preguntó internamente, refiriéndose a la misteriosa chica.

<<¿Qué estará haciendo Justin en este momento?>> retóricamente y en su cabeza, _____ se preguntó cuando ‘One time’ llegó a uno de sus auriculares, ya que del otro oído estaba desocupado para oír a Luna hablar emocionada de One direction y las últimas noticias de ella.

¿La simple respuesta para ambos casos? “pensando en ti”





Capitulo 3




La noche había sido como un infierno para ella. 
Al encontrar a su madre, no fue sorpresa el enorme abrazo que envolvió la pequeña figura de Lucía, que lloraba desconsoladamente en el hombro de su hija… y viceversa, porque _____ estaba igual de débil y dolida como si también le sucedió a ella. Pero en ningún momento, dejó de recordarse que todo estaría bien.
<<Everything’s gonna be alright>> –susurró leyendo sus pensamientos.

Al salir de esa espantosa ruta en la patrulla de policías, volvieron a la sede policial a donde la mamá de _____, dio con lujo de detalles cada momento vivido, hasta el secuestro. Ambas, fueron trasladadas a casa, pero esa mañana, Lucía debía unos importantes trámites de hospital.
A pesar de todo… ____ seguía teniendo el mismo temor que al recibir la llamada de ella. Y empezaba a sospechar demasiadas cosas, que quizás eran ciertas hipótesis, pero tal vez no. El solo pensar quien hubiera querido hacerle daño, la hacía temblar.
Intentando ignorar todos sus pensamientos, se metió entre las sábanas de su cama, y al cabo de un rato… pudo conciliar el sueño.


Nuevo día.
Abrió los ojos, y apagó el despertador de golpe. No se sentía de ánimos… ni siquiera para respirar. Pero nuevamente… debía pensar en su madre, Justin y levantarse.
Luego de treinta minutos de vestirse con el uniforme, peinarse y “desayunar” (una simple manzana, ya que no había nada) salió a la calle para tomar el bus, jurándose que hoy sería mejor día que ayer; como rutina.

–Ey, ______ –llamó Miranda en un tono de burla. Ella pestañó y la miró justamente a los ojos; con la mirada fría, cansada. –Me enteré lo de tu madre… –la rubia sonrió con cinismo. –De verdad son ridículas. –A su alrededor, se escucharon risas.
Y ____ se sintió tan pequeña, como una hormiga.
Indefensa. Pero con ánimos de responder, que no fueron posibles de salir de su boca.
–Me daría vergüenza ser tan estúpida como tú. –Escupió con odio, como si de verdad lo dijera. Ella (______) solo apretó su mandíbula, enviando las ganas de llorar a quien sabe dónde. Pensando en su cabeza, que todo lo que Miranda decía, era tan cierto… pero no; ellos no conocían la verdadera historia.
–¿Puedes dejarla tranquila, Miranda? –de un momento a otro, la voz de Luna habló a las espaldas de ______. –La estúpida, eres tú. Déjala, ¿acaso te hizo algo? –volvió a hablar. Pero ____ no se sentía bien con eso; ahora… la molestarían a su amiga. Y no… no prefería eso.
–Está bien, Luna. No te preocupes. –_____ se dio vuelta y caminó a su lado. Sorpresivamente, Miranda se calló, pero no iba a ser el final.
Amaban insultarla. Era como una diversión ver su cara neutral, llena de preocupación en sus ojos marrones.

____ suspiró al ver todas sus cosas tiradas en el suelo al volver del recreo. Esparcidas por todas partes; las hojas rotas y uno que otro lápiz con evidencia que fueron pisados. Se tragó el sollozo que quería gritar su garganta.
<<¿Por qué me sucede esto a mí?>> –Se preguntó en su mente, agachándose para recoger las cosas. Y aún… nadie entraba a clase. Pero al escuchar sus pisadas en la puerta, se limpió la lágrima que cayó por su mejilla desprevenidamente, y volvió a estirar sus rodillas para poner las cosas sobre la silla. No entendía por qué se burlaban de ella.
–Tranquila, _____ –Mili la llamó por su sobrenombre, acariciándole el brazo con ternura. Ella la miró y le sonrió falsamente, obviamente… sin que la sonrisa llegue a sus bellos ojos. –Solo intentan hacerte sentir mal. –_____ asintió con la cabeza, y procedió a sentarse en la silla para que el profesor entre y empiece la clase.


–¿Entonces irás de compras con nosotras? –Le preguntó Luna con emoción en su voz. _____ ladeó la cabeza en respuesta.
–¡Vamos! No tengo ropa nueva –renegó Milagros en un berrinche y luego, tiró de su labio inferior sobre el superior, formando un lindo puchero.
–Yo no tengo dinero. –Avergonzada, bajó la cabeza.
Ambas eran chicas de buenos caracteres económicos. Por eso… _____ se extrañaba más, al ver como la involucraban al grupo. Estaba segurísima, que era una broma; aunque se le hacía imposible de creer en alguien como ellas, tan dulces y buenas.
–No te preocupes por eso.


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Llegó a su casa y lanzó un suspiro. Su madre cocinaba algo en la cocina, y de fondo, era interrumpido el sonido del televisor.
–Ya sé quien fue. –Le dijo Lucía a su pequeña, luego de saludarla con un beso en la frente.
_____, confundida y sin entender, frunció el ceño uniendo sus cejas.
–¿Quién fue qué? –murmuró con su típica voz dulce y débil, casi como un susurro.
–Lo de ayer. –sin rodeos, le contestó, seria, sin mover un músculo más que la boca y la lengua. ____ la miró con ojos entristecidos, aguantando las lágrimas. –Amanda y Manuel.
Casi se atraganta con su propia saliva. Y fue como si el aire le faltaba; se sentía tan mal que dolía en su garganta. Como espinas que tragaba débilmente… mientras las lágrimas nublaban la vista de sus ojos.
¿Cómo podía ser cierto que su propia hermana, y su propio padre haya mandado a secuestrar a su madre? ¿Por qué le hacían eso? ¿Acaso… qué rencor le guardaba Amanda para dañar tanto a su hermanita pequeña?
Entonces se sintió estúpida por no haberlo pensado antes. Y si lo pensó, por qué no reaccionó.
Era el hijo de puta de su padre drogadicto y fugado. Y la idiota de su hermana; hoy prostituta y quién sabe dónde.
De repente… fue como un balde de agua pensar, que ambas corrían peligro en la mira de ellos dos, que por más de que eran familia… el rencor seguía presente, lo suficiente para asustarla. Porque eran débiles y… era tan consciente, al saber que podían encontrarse muertas, por su propia hermana, y propio padre.
¿Qué hacer ahora?







Capitulo 2 ~ La chica del sueño.




–¡Hijo! ¡Levántate, cariño! –Le dijo Pattie, su madre, mientras lo movía delicadamente intentando despertarlo. Pero es que él tenía el sueño ¡Tan! Pesado. –¡Justin Drew! –reclamó al ver que él no le hacía caso. Como respuesta, gimió y murmuró unas incoherencias. –¿Me harás ir por el vaso de agua, Drew? –a pesar de que ella tenía una voz dulce, en este caso, se combinaba con la dureza de una amenaza.
Justin, al apenas escuchar eso, abrió sus mieles ojos de repente.
–¡No, mamá! ¡No hace falta! –le contestó rápidamente, como si el sueño se le fue por unos segundos. Una sonrisa se escapó de los labios de la pelinegra y se retiró de la habitación de él. Para ese entonces, Justin estaba sentado mirando a un punto horizontal de la pared perteneciente al hotel. Y se volvió a tirar a la almohada cuando sus pasos ya no se oían.
–¡Justin! –volvió a gritar ella-
–¡Ya voy, mujer! –renegó y con la mayor pereza del mundo de las personas unidas en un solo cuerpo, se levantó y empezó a cambiarse-


–Listo. No tardé tanto. –Justin levantó los hombros despreocupadamente-
–Una hora, una hora, Bieber. –Pattie levantó una ceja- Y esos pantalones son horribles. –Criticó su madre y él rodó los ojos.
–¡Es cebra! ¡Tiene swag!  –exclamó Justin ofendido. Ella rió entre dientes y negó con la cabeza-
Ella era tan sofisticada y él… tan tonto. Pero era su hijo, y lo amaba. Y él igual, por más antigua y tradicional que sea su querida madre.
Y fueron en camino a la prueba de sonido junto con todo el team. Hoy, tocaba concierto del Believe tour en Nueva York, el último de América del Norte y luego… a Latinoamérica. De repente, Justin abrió sus ojos como platos recordando algo y alejó la vista de la ventanilla a su madre y Alfredo, su gran amigo.
–¡La chica! –exclamó él. Ambos lo miraron como si estaba loco y él frunció el ceño. –¡Mi sueño! –volvió a decir emocionado. Una pizca de fantásticos recuerdos se le asomó a su cara y apoderó su mente.
–¿Podrías hablar claro? –en chiste, Alfredo preguntó. Justin rodó los ojos y pestañó varias veces, emocionado.
Pero el coche se detuvo y ya estaban en las afueras del estadio de NY. Él bufó al ver como los paparazzi rodeaban el coche, y Dustin, abrió la puerta de la camioneta para empujarlos del camino; entonces, luego… Justin salió seguido por Pattie y Alfredo. Scooter, su manager, no estaría presente en este concierto por premios de su otra artista, Carly Rae Jepsen, presentándose en los Grammys.
Pero no dijo ninguna palabra más del sueño. Eso no quiere decir que no pensó en él, sin embargo… sus pensamientos eran torturados por ello. ¡Es que pareció tan irreal! Y a la vez… tan, tan real.
No fue cualquier sueño. Era raro, pero sin embargo… le quedó impregnado en su mente como si era un magnífico perfume de sus pensamientos. Esa chica. La castaña que sonreía y tocaba la guitarra graciosamente, con una pulsera en su dulce muñeca: “JB”. No sabía quién era… ni su nombre; solo era consciente de la simpatía y las bellas manos que tocaban una melodía jodidamente perfecta. Ella era hermosa aunque no podía observar bien su rostro, juró que era perfecta cuando tocaba y cantaba a acompañamiento de la guitarra.
–¡Concéntrate! –me ordenó Mamá Jan, que acababa de llegar. Suspiré y respiré hondo varias veces, para volver a empezar-


Estaba todo listo en escenografía. Pero aún faltaban como tres horas para el concierto; sin embargo, Justin descansaba en su camerino, junto con Pattie.
–Iré a ver todo… ya vengo cariño. –Le dijo ella con una sonrisa mostrando sus blancos dientes, y salió por la puerta sin esperar una respuesta de su hijo, ya que no era necesaria.
De repente… Justin se conectó a twitter. “Hello New York” y volvió a cerrarlo aburrido. Puso el móvil en la mesa y se miró al espejo, volviendo a poner los pies sobre la misma, para estar más cómodo mientras se miraba al espejo. Vagó su vista por toda la habitación; hasta llegar a la gorra irreconocible negra, las gafas oscuras y una chaqueta gigante que había dejado Kenny. Justin sonrió con cautela y recordó el sueño nuevamente.
Como en segundos, se colocó todo encima de la ropa informal que tenía. Se fijó en el espejo: horrible; hizo una mueca de disgusto, pero alejó la vista de él mismo y abrió la puerta lentamente, mirando hacia ambos lados… procurando no encontrarse con alguien que desperdicie su oportunidad de encontrar a la chica del sueño.
Estaba emocionado. ¿Qué pasaría si la encontraba? ¿Ella lloraría? ¿Reiría? ¿Estaría ahí? ¿Qué tal si no era este su país?
Siguió caminando por el pasillo largo y estrecho, pisando sobre las finas baldosas brillantes y paredes blancas, acompañadas por las luces. Estaba cometiendo una locura; pero no se arrepentiría. No se encontraba como el gran Justin Bieber por lo que sus fans no lo reconocerían por un instante hasta que busque a la chica, que seguro y con un poco de ayuda de Dios… estaría afuera.
Así hasta llegar a la puerta, vigilada por dos gorilas. Ambos morochos de piel, miraron para abajo, a la figura de Bieber, “pequeña” porque la de ellos… era, extremadamente, grande; tanto, que le llevaban como veinte centímetros a Justin. Sonrieron sarcásticamente.
–Eh… amigos. –Dijo Justin, bajando las gafas negras, dejando ver sus mieles ojos.
–¿Justin Bieber? –Preguntó uno de ellos, sorprendido. Justin sonrió acostumbrado a todo esto. Ellos tenían la orden de no dejar salir ni entrar a nadie; pero nada que negar a “Bieber” “El fabuloso y reconocido Bieber” -Esto era uno de los beneficios de su oficio-.
–El mismo. –Contestó-
–Mi hija te ama; es más… está afuera haciendo cola. –Le habló el hombre sin ocultar su sorpresa-
Y así fue… como Justin aprovechó su condición.
Obviamente, cinco minutos después… estaba en la verja del estadio en la parte de afuera, todavía lejos de todas las chicas. Pero caminó hasta la esquina, donde millones de sus fans se encontraban,  -algunas llorando, otras riendo y también hablando-. En cambio, Justin fue serio, mirándolas desde algún punto lejos, buscando algo familiar en alguna de esas chicas. Pero no sospechaba nada; todas las rubias, —en realidad, la gran mayoría—, obviamente, no tenían el pelo castaño que él buscaba. Y agradecía de que estaban tan concentradas en sus conversaciones, o él estaba tan lejos e irreconocible.
Siguió caminando, alejándose de ellas aún más, pero sin quitarles vista. Para su suerte, nadie lo había visto. Pero para su mala suerte, ella no estaba. No la encontraba.
Diez minutos pasaron; pero su mirada oscura no la encontraba y empezaba a fastidiarse. Era también la presión de que debería estar en el M&G, o vistiéndose en estos momentos. Además del regaño que se pegaría al volver.
Y no… luego de veinte minutos, dio por terminada su pequeña “investigación” y volvió al estadio algo enojado.
Tenía las esperanzas de encontrarla. Pero empezó a pensar… ¿y si ella no era de Nueva York? Había muchísimos países por los cuales visitar. Todavía esto no terminaba. Entonces… su autoestima volvió a subir, dejando crecer esa pequeña esperanza que creía haber perdido.
No sabía por qué… pero algo le decía que debía buscarla.










Capitulo 1 ~ “La felicidad de los demás, es más importante”.


Cruzé la puerta principal del colegio, insegura y temerosa. Intentando parecer fuerte, con esa sonrisa falsa idealizándome, en mi mente, que hoy sería un día distinto… que hoy, las críticas terminarían. “Be alright” –Sonaba en los audífonos de su móvil una de las  canción preferida de su ídolo y modelo a seguir: Justin.
Sentía como si todos la miraran. Como si fuera un bicho raro. Pero solo abrazó más sus libros pensando que era su escapatoria, y siguió caminando, con la vista en la escalera, evitando todo.
–¡Muévete de mi lugar, idiota! –le gritó una chica Miranda, una de las más ‘populares’ del instituto  la miró y se movió, dejándola pasar.
–Perdón -Murmuró, aunque sabía que no debía hacerlo-
El sentimiento de encogimiento que tenía cuando veía a todas las demás chicas insultarla, era doloroso para su alma; su destrozada alma. Y por más que se repetiría que debía ser fuerte, le parecía imposible cada día. Solo se mantenía en pié por él. Por Justin.
Y la canción terminó, pero ella la volvió a poner y se sentó en su lugar, a la derecha adelante e inmediatamente, sacó su estuche, a esperar que toque el timbre y poder estar tranquila y concentrada en la su siguiente clase: Historia.
Así fue.


–¡_____! –Le exclamó Luna, una de sus ‘amigas’, una vez que había terminado la clase y salían al recreo.
–¿Cómo estás? –Le preguntó Milagros, la otra ‘amiga’, con una sonrisa-
<<Deprimida, triste, fracasada, sola, estúpida, anormal, ridícula.>> pensaba ella.
–Bien  -esforzó una falsa sonrisa. Era una rutina, todos los días-
Luna y Milagros eran mejores amigas, y consideraban a ____ como otra amiga. Sin embargo, ______ se sentía excluida y a la vez, intrusa, como si sobrara entre ellas. Aunque no era así.
–Tenemos deberes de Matemáticas, ¿la hicieron? –preguntó Milagros, empezando a caminar las tres juntas, al compás para el patio en el piso de abajo-
–Yo sí  –Respondió ______. Nunca se había olvidado una tarea, era muy importante para ella, y no quería darle más problemas a su madre con malas notas de su parte, aparte de los que ella ya tenía-
–Yo no. –Dijo Luna seguido por una mueca. ____ rió y Mili la miró entrecerrando los ojos-
–Nunca la haces. Tonta –jugando, le pegó en la cabeza.-

Apenas tocó el timbre del final, se volvió a colocar los audífonos y tomó sus cosas lentamente, guardándolas en su mochila sin apuro. Una vez lista, la dejó colgando en su hombro y caminó para la salida, observando a todos sus compañeros salir con sonrisas brillantes, grandes y risas acompañadas. De verdad se veían felices. Y ella también sonrió, pero no por el hecho de estar feliz como ellos, sino… porque a ella le hacía sentir bien como todos se veían felices.
Y ese era uno de sus defectos. Prefería ver la felicidad de los demás, que la de ella.
Siguió caminando a la parada del autobús, con su carnet de alumno y el dinero en la mano, y su móvil escondido para precaución.
Y una vez que estuvo dentro, miró la ventanilla imaginando y soñando cosas, que las personas le decían que nunca sucederían; pero ella seguía soñando. Algo le decía que valía la pena soñar.

–¿Mamá? –preguntó dejando caer la mochila en el sillón ya desgastado. No hubo respuesta –¿Estás aquí? –volvió a preguntar empezando a caminar por todos lados, pero negativo. Se dio por vencida, y volvió a la cocina, para cocinarle algo a su madre, ya que hoy… llegará tarde por uno de sus trabajos, seguramente.
Abrió la nevera, y se desanimó muchísimo más al ver que no contenía nada más que agua, queso, leche y gisantes. Suspiró evitando las lágrimas y caminó a su habitación para sacar dinero de sus ahorros bien merecidos.
Y le dolía. Esos ahorros, eran el fruto de sus sueños; su meta era ir al concierto de él. Pero también se sentía dolida y egoísta. Su madre tenía dos trabajos por día, y estaban mal económicamente tanto, que apenas tenían para comer. Sin embargo, nunca dejó ballet porque Lucía, la madre de ______, no quiso. Ella trabaja para que su hija vaya a ballet y logre ser lo que ella siempre quiso pero no pudo al ser embarazada a corta edad.
Con la mitad de sus ahorros, fue al supermercado que quedaba a tres calles de su casa. Nuevamente, con los auriculares en sus oídos.
Deseaba que esto no sea así; pero no podía cambiarlo. Cada noche, rogaba a Dios que esto cambie, que le de fuerzas para seguir adelante, que cumpla sus sueños. Pero estaba estancada en problemas que no la dejaban avanzar; como si estuviera enterrada en un pantano. Un asqueroso y penetrante pantano.
Compró lo que necesitaba por ese momento harina, verduras, frutas, carne y dos chocolates pequeños. Era el momento de darle un regalo a su madre. Entonces, sin más que hacer, volvió a su casa.

Terminó de cocinar una sopa de verduras, y ordenó las camas, preparó la mesa y la sirvió en platos, tapándolos con otros para que estén calientes para cuando vuelva su madre. Y se sentó en su lugar mirando a un punto fijo, la puerta. Ella no comería si su madre no estaba allí, no era correcto con la educación que tuvo. Y luego de que hayan pasado veinte minutos, volvió a limpiar la casa los muebles y el piso, preguntándose por qué su madre no venía. La preocupación empezó a notarse,  comenzó a carcomerlse por dentro y la atemorizaba. Ya había terminado de limpiar casi toda la casa, las habitaciones y el baño,
 también había cocinado y solo le faltaba la tarea, para ese entonces… ya habían pasado tres horas como si pasó media hora recién. Pero decidida, y nerviosa, marcó el número de su madre.
Los sollozos de Lucía le hicieron temblar del miedo.
–¿Mami? –preguntó _____, mientras sentía las lágrimas aproximarse a las mejillas de ella.
–_______ –susurró con un hilo de voz. La niña, empezó a dificultarse en la respiración.
–¿Qué pasó, mamá? –le preguntó tragando sonoramente. Amaba a su madre por más de que peleen siempre, la amaba como nadie.
–Me vio… violaron, hija.
Y su madre seguía llorando; mientras _____ sentía pánico, miedo, y que se caería del temor. Las piernas no le respondían estaban tan duras como el hielo, y su  cuerpo se parecía a gelatina. Empezó a suspirar intentando calmarse… pero no podía.
–¿Dónde estás? –la voz le temblaba. No podía creerlo. Y también, sentía una pulsada de dolor al saber que ella no se preocupó antes. Interiormente, se gritaba por lo idiota que había sido-
–No sé… es una ruta. –pero _____ no escuchaba ningún auto allí. Inmediatamente, se paró y corrió para donde estaba todo su dinero y lo guardó en el bolsillo, también la llave de la casa-
–Quédate ahí. –Le ordenó imperativamente, limpiando sus lágrimas con la otra mano-
Llamó a la policía y en poco tiempo, aparecieron en la patrulla donde ______ le contó todo y cada cosa que sabía.
Ella sabía lo que es sentirse violada. Su padre la violó cuando apenas tenía unos diez años; y aún no lo supera. Es que son cosas tan difíciles de aceptar que con el tiempo, ni siquiera se recupera. Y te queda el trauma para siempre; ella lo sigue teniendo. Por las noches, las pesadillas de verlo con su cara malévola, sonriendo irónicamente, tocándola por todos lados, la atormentaban. Le dolían y le parecía imposible pararlas. Desde ese momento, y hace cuatro años, ______ no volvió a ver a su padre. 




viernes, 16 de agosto de 2013










A veces… cuesta mantenerse fuerte, creer en los sueños y creer en ti. Sobre todo, cuando la gente que te rodea, se esfuerza en hacerte pensar y recordar todos las “fantasías” que supuestamente… nunca se cumplirán. En vez de reforzarte… la fragilidad es remplazada por ella. 
Ser una chica normal cuesta una chica estudiosa, sin que reciba insultos; alguien fea y rellenita de estómago no es aceptada en la sociedad, sufrientes del bullying día a día, en su propia escuela, estar en un estudio de bailarinas de ballet, donde todas son las típicas chicas fideos y hermosas… también discriminan a la más gorda pero mejor bailarina de todas; aunque… ¿Quién dijo que los sueños no se cumplen? Además de la gente envidiosa… ¿quién?

________ ________ una simple criatura de 19 dolorosos años. Bailarina de ballet, estudiosa en el colegio, con sueños de… además de ser cantante y actriz, desea conocer a su modelo a seguir: Justin Bieber.
Pero no solo es eso… esta no es solamente una historia de drama. Es muchísimo más que eso. Es la historia… que te sentirás identificada, y te encantará.
“Recuerda que la chica gorda, puede adelgazar, la fea, convertirse en la más hermosa y la débil soñadora, en una fuerte luchadora”.